Solo

Cristel Medina.

La soledad es cabrona. Es una hija de perra que aunque la escupas y la patees se queda contigo hasta que un buen día se le da su regalada gana de partir dejando tras de sí un montón de escombros que a uno no le queda más, que hacer el intento de recogerlos pa’ que no nos sigan estorbando la vista.

La soledad es cabrona. Si lo sabré yo, que estoy más solo que cualquier alma en pena desde que tengo uso de razón, la vida quiso que todo lo que pudiera salirle mal a una persona, me pasara a mí. Mi madre falleció en el momento del parto, cuentan los que vieron que la sangre parecía manar de un arroyo de venas abiertas, porque por más esfuerzos que se hicieron para contener la hemorragia, mientras yo daba mis primeros gritos y llantos, ella se apagaba cual flama en medio de un ventarrón. Mi padre, un hombre lastimado por la vida, que no solía hablar con nadie y que nomás tenía la costumbre de acostarse en la hamaca que esta frente al zaguán con su botella de mezcal en las manos, para tomar todas las noches supongo que tratando de atrapar los fantasmas que siempre parecían merodearlo sin descanso, un buen día, no se levantó como todas las mañanas para ir a la milpa y al moverlo y hablarle en un intento (ahora lo sé) vano por despertarle, tuve que aceptar que había partido para encontrarse con mi madre, a quien nunca, a pesar de los años y las infinitas botellas de alcohol había logrado olvidar.

Y así comenzó mi encuentro conmigo mismo, libre de ataduras, con uno que otro recuerdo retorcido por ahí y sin tener alguna mano a la cual recurrir en mis momentos de angustia y desesperación. Con mis apenas 10 años, envolví mis pocas pertenecías, junto a la única foto vieja y roída que conservaba de mi madre; comencé a andar, sin rumbo fijo, pero desesperadamente, como quien busca alejarse para siempre del lugar que le ha robado todo lo que poseía. Me aleje mucho más pronto de lo que me imaginaba de aquel lugar quieto, donde rara vez pasaba algo y que dejaba tanto tiempo para que la mente nos jugara bromas perversas que siempre me dejaban como despojado, con el alma triste y con una sensación insoportable de soledad, que cual moho, se fue metiendo de a poco en mi alma juvenil y en mis ojos opacos hasta hacerlos parecer casi muertos.

Me encontré en un pueblo mucho más grande que el mío, con más luces y un montón de negocios de cosas que yo ni sabía que se podían comprar. Buscando como sobrevivir merodee muchos días el mercado municipal, al ser aquel pueblo productor de papa, siempre había tráilers que cargar y descargar; así comencé una nueva vida entre bultos, tierra y una constante desazón que me venía de lo más profundo del alma.

Ahí fue donde al fin pude comprender a mi viejo. Entre trago y trago pensaba que las desgracias solo eran como aquellas volutas de humo que manaban de mis hojas de tabaco liadas perfectamente, que se disolvían no sin antes parecer fantasmas grotescos que amenazaban con perseguirme toda la vida. Cuando el miedo se volvía más intenso, más bebía, finalmente caía rendido, nunca me percataba de cómo me iba sumiendo en mis sueños que continuamente me encaminaban a un lugar que no conozco, pero que me hacía tanto bien; aquel espacio era un remanso para esta soledad que traía tan tatuada en cada poro de mi piel.

La vida se me escurrió entre los dedos rápidamente, nunca tuve mucha conciencia del paso de los años y sumido siempre entre bultos de papa y mis tragos, jamás tuve tiempo pa enamorarme y formar familia, jamás senté cabeza como dicen acá, yo siempre tuve la sensación de que la desgracia me perseguía, era como si detrás de mí, me fuera persiguiendo con pasos lentos y sigilosos, por eso me convertí en tierra muerta, no tuve hijos, mujer, ni siquiera una casa.

Mis días pasaron dejando muchas cicatrices y pocas, muy pocas, alegrías. Era un hombre sombrío que de lo único que sabía hablar era de lo ingrata que se portaba la vida conmigo desde que nací. Lo único que me daba sentido era esa botella que empuñaba con fuerza todas las tarde mientras me sentaba en la misma banqueta de siempre durante los últimos 30 años, mientras veía el vuelo de las aves y el sol muriendo en medio de los magueyes para dar paso a la noche que siempre se ceñía tan negra sobre mí, con su montón de estrellas, hasta dejarme en mi lugar completamente solo.

2 comentarios sobre “Solo

  1. Felicidades ,amiga me encantó tu relató,eres un magnífica escritora,es un orgullo ser tu amigo y te deseo de corazón mucho éxito

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