Rotemburgo (Entrevista con un caníbal)

Dan Rosendo.

¡Comido!…

¡Mi único deseo,

mi único deseo es ser comido!…

(Bloodbath – Eaten).

 

Él me miró fijamente cuando entré a la celda. Parecía una persona normal, incluso encantadora. Nada había en su persona de lo que me había imaginado, ni miradas psicóticas, bozales, o agresividad; tan sólo buenos modales, un rostro sonriente y lo que parecía el inicio de una charla amena y larga.

Saqué mi cigarrera, le ofrecí un cigarrillo, lo tomó, y al encenderlo, aspiró profundamente.

                ― ¿Sabes por qué estoy aquí? -pregunté.

Él movió la cabeza afirmando y comenzaron las preguntas.

“Soy ingeniero informático de Rotemburgo. Maté a un hombre, lo descuarticé y lo comí.

Desde entonces siempre lo llevo dentro de mí”

La entrevista inició con las preguntas de rigor: el porqué del crimen, sus motivaciones y la situación del canibalismo en la actual Alemania.

Salió a relucir la existencia de sitios en la red, administrados y frecuentados por verdaderos caníbales; THE CANNIBAL CAFÉ era el frecuentado por nuestro personaje.

Para las mentes sensibles, la idea de que en la civilizada Alemania existan varios cientos de personas con tendencias caníbales podría parecer emanada de una enferma novela de terror, mas pude constatar en aquella entrevista que el canibalismo es una realidad contemporánea.

“Sabe a cerdo, un poco más fuerte y es más sustanciosa”

 Me contó los detalles sin asomo de remordimientos. El 10 de marzo de 2001 se citó con la víctima:

                 ―Mucho gusto. Yo soy tu carne -Saludo Bernd extendiendo la mano.

                 ―Yo soy Armin -contestó nuestro personaje por toda respuesta.

Armin llevó a Bernd a su casa, donde después de embriagarse, de haber ingerido pastillas para dormir, dos frascos de jarabe para la tos y media botella de Whisky, la víctima se desnudó y pidió que le fuera arrancado el pene.

El Caníbal comenzó a rasgarlo con los dientes mientras los gritos de dolor de Bernd inundaban la habitación.

                ― ¡Córtalo de una vez! -ordenó la víctima mientras temblaba debido al agudo dolor en la entrepierna, y una expresión de rabia y frustración se dibujaba en su rostro ante la imposibilidad de ver cumplida su fantasía.

Armin terminó amputando el miembro con un cuchillo; acto seguido troceó el órgano en dos partes y lo cocinó con sal, pimienta y ajo en una sartén, para después servirlo para ambos.

Después de intentar comer aquel miembro sin conseguirlo, a consecuencia de la dureza de los tejidos, Bernd dejó el plato sobre la mesa y reprochó a Armin el no poder cumplir su sueño de comer sus propios genitales:

―Está muy duro, no puedo comerlo ¡Dijiste que todo sería perfecto!…

El caníbal cargó a su víctima y lo llevó a la bañera, pues se desangraba debido a la amputación genital, y sin embargo, parecía fascinado al mirar cómo se hundía en aquella mezcla de agua, orina y su propia sangre hasta desbordar la tina, esparciendo su contenido por todo el piso.

 Al cabo de casi diez horas, Armin entró al cuarto de baño y miró que Bernd estaba prácticamente inconsciente; lo sacó de la tina y lo recostó en una mesa; le cerró los ojos con un beso y mientras le pedía perdón por lo sucedido, procedió a degollarlo y descuartizarlo. Separó las partes que decidió comer y enterró en el jardín de la casa aquellas que no consideró aptas para consumo.

“¡Quería contemplar varias veces el video para masturbarme!”

 ¡Por supuesto que filmó cada momento! Guardó sus recuerdos en más de cuatro horas de filmación en la cual se aprecia la mutilación genital, la agonía, el descuartizamiento y la ingesta de la carne de Bernd Jürgen Brandes.

Estas escenas escandalizaron a forenses, agentes y a los jueces encargados del caso, quienes lo condenaron a cadena perpetua por el crimen de homicidio con motivos sexuales durante la Audiencia Provincial de Kassel.

 

“La sangre salía de una forma similar a una fuente… Me pregunté a mí mismo si debía rezar al Diablo o a Dios, y le pedí a Dios que me perdonara,  después cogí el cuchillo… lo cogí con fuerza y luego de dudar un poco más… le corté la garganta… El cuerpo, para ser comido, debe estar muerto. Ahí está la clave”

Armin consumió durante varios meses la carne del cadáver. Después de ello, colocó un anuncio en los foros del sitio de internet que acostumbraba visitar, lo que ocasionó que un estudiante lo delatara y fuera arrestado en diciembre de 2002.

“Ahora, estaremos juntos por siempre”

 La fascinación que aquel hombre me provocaba, provenía de su idea de conectarse con alguien más de una manera profunda e irrompible.

 Él siempre perdió a aquellos a quienes quiso, jamás tuvo amigos. La compañía de su madre y sus trastornos hipocondriacos lo enclaustraron en una vida solitaria y antisocial.

 Internet fue su puerta de escape para todas aquellas cosas. Fue ahí donde se preparó para su momento crucial consultando maneras de asesinar y recetas gourmet sobre la preparación de la carne humana.

Nunca obligó a nadie. La victima debería ser parte del acto por propia voluntad; y en aquel ser de quien se alimentó durante tanto tiempo, encontró similitud espiritual y la conexión que tanto buscaba.

La entrevista terminó. Yo sólo acerté a frotarme la cara con ambas manos y respirar profundamente mientras Armin me miraba fijamente, luego fumamos un par de cigarrillos, sentados a la mesa; envueltos en el silencio frio de aquellas cuatro paredes que parecía presagiar lo que vendría para mí, mientras me preparaba mentalmente para ello.

                ― ¿Recuerdas el precio acordado por la entrevista? -preguntó con ansiedad.

Me bajé el pantalón y puse sobre la mesa la navaja que oculté en mi ropa interior.

                ―Comienza a cobrarte -le dije mientras los tentáculos de un miedo atroz recorrían mi espalda paralizándome.

Pasaron algunos meses desde que lo entrevisté. Mi trabajo fue publicado por aquella pequeña editora local y se vendió como pan caliente.

 Aún me pregunto si mi rasgado recto femoral me permitirá volver a caminar de manera normal. Un poco de mí fue el precio pagado por aquella entrevista que, a pesar del dolor físico y el haber estado a punto de desangrarme, me dejó las respuestas que tanto buscaba.

No sólo se asesina por odio; existen muchas razones más, que resultan incomprensibles para la gente normal; razones que surgen de las ganas infinitas de poseer algo y se vuelen la motivación irresistible para matar y devorar de esta manera.

Aún puedo recordar el momento de aquella despedida: agitado por el dolor volteé la vista hacia él, mi caníbal favorito. Le vi devorando mi carne; así como yo deseaba conservar para siempre sus palabras en esta entrevista, él sólo deseaba comer un poco más.

 Me miró, sonrió como si agradeciera el gesto que había tenido con él y levantó la mano en señal de despedida.

                ―Adiós, Armin, espero volver a verte algún día -le dije mientras, sin poder disimular el agudo dolor ocasionado por los cortes en mi pierna, cerraba la puerta de su celda.

Deja un comentario