Canto de las plegarias de un escriba

Denisse Castaños.

Plegaria uno:

Diálogos frente al espejo. El escriba que deja la luz encendida antes de dormir.

Y no lo negaré, porque jamás podría. Escribo porque escucho al viento. Escucho mientras veo y veo mientras escribo. Así de simple, así soy yo. Libertad que es puesta ante mis ojos y encierra mi alma, desde el siglo pasado he buscado el perdón del consuelo en manos ajenas y jamás me sentí más perdida. Bendición que cae sobre mi cual tierna llovizna que acicala mis entrañas de izquierda a derecha sin parar.

Mis palabras se quedan cortas ante tan grande deseo de tenerte y no quererte, el deseo de quererte y no dejarte, la esperanza de dejarte y jamás volver a verte. Pesa en mi cada noche el destino de los pasos que a mi vida han traído tus amores. Tus benditos amores. Tus miserables, inestables y convenencieros amores. Ya no puedes seguir estorbando.

Y en el despertar de los amaneceres la tierra habla y se estremece, pues me he levantado ante la guerra que hay en los abismos y les he hecho sabes que de mí jamás verán un sol. Es mío y a mí me place darlo a aquel a quien mi corazón dicta. No hay nadie digno ahí. Sigo mirando a las estrellas esperando a que reconozcan mis lágrimas y brillen más, que brillen para mí. Que vivan para mí. Porque pido que vuelvas, pero no quieres. Te pido que me ames y no puedes. En cambio pídeme el mundo y sin dudarlo será tuyo. De aquí a mil años es mi paciencia y de aquí a tres milenios mi amor por ti. Porque nunca en la vida se ha de terminar.

Círculo de paz que llega a las estepas en verano, búscame mientras en el alba haya canto, mientras el tiempo roza tus labios y te deja pregonar amor día con día. Quiéreme con fuego, porque sólo así podré quedarme. Vienes a mí y me quieres seducir con tus alas, pierde el miedo y vuela hasta el fin del mundo. Pierde el miedo y búscame entre las dunas del desierto.

Vierte pasión sobre mis pies y jamás encierres el coraje de tu deseo hacia mí. No todo lo que está en mi mente te pertenece, pero puedes improvisar susurros que naden hacia mis oídos cual naufrago se aferra a la vida en una isla. No garantizo tu seguridad pero aun así has de intentar sobrevivir.

Detrás de esos ojos rojos con olor a viernes, te vistes de gran señor y aparentas ser aquel por quien he dejado todo. ¡Cuán ingenuo te ves al esperar por siglos lo que en segundos se decidió que no sería! Yo no voy a dejar de vivir por tu amor mal pagado. Vierte tu pena en mis lamentos, ya verás que van a desaparecer.

Detrás de los secretos que se guardan en las torres, honran a los peregrinos que vagan hasta el hogar de mil peñascos. La era en la que solíamos descifrar lo incierto ha pagado por su inestabilidad e inefectividad. ¿Qué quiero decir con eso? No te competen los misterios que encierran mis pupilas, son míos y nadie me los va a quitar.

Te vistes de rojo para representar fuerza, te vistes de verde para representar tu vida. Vena mí desnudo y te diré el color de tu alma. ¿Mi color? Probablemente dorado, muy raro entre todos ellos, no es amarillo, puede ser un resplandor pero no puedes llamarlo “luz”. Algo estás haciendo mal.

Y desde el rincón de mis sueños explico la certeza de mis pensamientos, la verdad de mis suspiros y el perdón que le doy a mi tormento. Me deshace y me llena, me encubre y me expone. Preguntas siempre a mi alrededor: ¿Quién es esa niña con los ojos de espejo? Ves tu rostro en sus ojos, cuando deberías ver su alma, ¿Acaso carece de un alma? ¿Acaso carece de ojos? ¿Está ciega? Lo único que se de ella es que voy a necesitarla más de lo que creo, pues sabe de mí hasta el más oscuro secreto. Cosas que jamás he confesado pero que mi rostro ha reflejado y ella ha leído.

Solía creer que no creía, solía temer a quien me temía y solía amar a quien no tiene vida. ¿Cómo puede alguien siempre estar inclinado a quien menos lo merece en esta vida? ¿Harías a un lado tu camino por la esperanza del ajeno que respira muerte todo el día? No soy yo quien necesita la medicina, pues tu miedo se ha infiltrado hasta tus huesos. Lo respiras, lo vives. ¡Sácalo de aquí! Pues buena falta le hace a la oscuridad su hijo. En la quietud de su cuna debe estar. Y nosotros, prisión de amor debemos tener. Cárcel de oro, dulce cárcel que te abriga en medio de la noche. Algunos lo llamarían hogar.

Tienes lo que espero y guardas lo que callo. Piensas lo que debo y haces lo que anhelo. Y yo busco lo que encuentras y hablo lo que sueñas. Claro, tú y yo somos perfectos. Me miras con delicadeza y no entiendo por qué. Soy la más beneficiada del silencio, su favorita, su escogida. No he rozado más que tus palabras y no he visto más que tus deseos. Hazme un préstamo, mil de tus heridas a cambio de una eternidad de amor de todos los colores. Tus heridas serán transformadas en rosas y el amor se volverá la danza y la fiesta. Paz que desborda el destino de los que buscan día y noche la salida de la tempestad. Paz que desborda el destino de los que buscan volver.

Quiéreme como he querido a la luna, pues ella nunca me ha dejado. Quiéreme como he querido al sol, porque con su calor me da alegrías. Quiéreme como he querido al viento, un padre que me ha criado. Quiéreme como he querido al mar, mejor amigo que él jamás encontrarás. Quiéreme como he querido a las estrellas, mis hermanas llenas de luz, fuerza y amor. Sólo quiéreme. Porque en mí no hay engaño, pero sabes que en el amor tampoco hay libertad. Porque aunque suene tonto, amas a voluntad y amas por necesidad. Voluntad de quien amas y necesidad del corazón.

Hazme reír por las mañanas con tus historias, esas historias de cuando viajabas por las montañas. De cuando conquistabas cimas que al principio creías inalcanzable. Historias de cuando te topaste con el viento y te hizo creer que existía la amistad entre él y los mortales. Visita la aldea de tus padres de vez en cuando, todo origen siempre es verdadero. Duerme entre mis pensamientos, porque dentro de ellos estás a salvo.

Intermedio para mi creador: Si por mi fidelidad he alcanzado este camino y aun así no lo he dejado perecer, por lo menos dame la certeza de que de tu mano seguiré con más fuerzas que nunca hasta el final.

Concluye mi plegaria ante el altar de los misterios: Vístete de plata, pues ha venido la luz.

Espera.

No pretendas.

No hay castigo.

Hasta nunca, miedo.

(Y lentamente se consume la luz de las velas, de repente ya no las necesitó en su vida.)