Notas al viento. Parte 2

Denisse Castaños.

Día 17: Las plegarias.

Son adornos del cielo y siempre hay respuesta para cada una de ellas. No hay pequeña ni grande.

Te entregan el alma con cada letra y desprenden el aliento con deseo y esperanza sufrida.

Te entregan el alma como quien pierde un hijo y le llora ante la tumba.

Ruegan con lloro que les sea devuelto, pero la fe les sustenta y a la vez les duele.

Día 18: Deseos.

Vuelan, vuelan todos ellos hacia el cielo. Blancos, verdes y rosas, de todos los colores, son deseos.

Secretos que el alma encierra y libera en un suspiro, aunque a veces con una lágrima.

Yo los leo antes de ser recibidos, pues soy quien las colecta todas. Algunos son sinceras, otras no.

Y al leerlas me doy cuenta que todos los seres humanos carecen de lo mismo. FE, ESPERANZA y AMOR… de los cuales, el mayor de todos es el AMOR.

 

Día 19: Paz.

Tú, lo que más he deseado aquí. ¿Dónde estás? No puedo verte porque a mí alrededor todo muere.

Enciéndeme con tu resplandor y así no tendré nunca más frío. No dejes que muera mi voz.

Abre la puerta, quiero entrar, quiero estar contigo. ¡Llévame donde quiera que estés!

Yo quiero verte aunque afuera haga frío y la niebla quiera impedírmelo.

 

Día 20: Duele.

Y otra vez siento que muero, la incertidumbre de mi alma no es cosa de tomarse a la ligera, duele.

Es muy extraño, no veo sangre, pero hay dolor. Es un dolor tan intenso que siento que me mata.

No es común, pues he andado entre espinos y como resultado me he herido y he visto sangre.

¿Dónde está la sangre? ¿Acaso no está siendo derramada en alguna parte de mi cuerpo?… Duele.

 

Día 21: No.

Culpa perfecta, juicio perfecto. Al fin te dije: “NO”.

No te quiero, no te necesito, no vuelvas, no me busques, no me interesas, YA NO TE QUIERO.

No hay rencores y no hay más amor. No te dije la verdad, pues nunca hubo amor.

No soy ella, soy esta, la que no quieres encontrar ni en tus pesadillas. Pero heme aquí.

 

Día 22: Realidad.

Y mi realidad es esta: “Sigo porque es lo único que me queda por hacer”.

Aunque en alguna tierna fantasía estoy ya en mi meta, pues viajé al pasado desde mi futuro y ya lo sé.

¿Dónde está mi tormento? ¿Dónde mi alegría? ¿Dónde mi esperanza? Y ¿Dónde mi cordura?

Paseo día a día por las colinas desiertas, simulando que soy el viento, simulando que no soy realidad.

 

Día 23: Perfección.

Sonríe que todo debe ser perfecto, así es como te enseñaron que la vida sería, no llores, ríe.

Piensa qué es lo que te hace ser grande y ser dueño de todo y todos, tú eres fuerte.

No mientas porque el cáncer del alma es incurable y el dolor de tenerlo, insoportable.

Acepta que no eres lo que quieres y no quieres lo que eres y sólo así podrás descansar en paz.

 

Día 24: ¿Dónde estás?

Escuché de ti al caer la tarde, pero no escuché que vivieras cerca así que salí a buscarte.

Llevo 40 años buscándote sin avance alguno. No sé dónde estás, no sé si aún vives.

Escucha que mi alma te quiere decir algo. Pero no, no vengo a cantarte amor, yo te odio.

Me han dicho que has muerto, que luchaste hasta el final y yo al fin desahogué mi ira en tu tumba.

 

Día 25: Cascabeles en la tierra.

No, no era solamente mi cabeza. Tú también puedes escucharlos, son los cascabeles aquí en la tierra.

¡Dime algo, lo que sea! ¡Sé que puedes escucharlos! ¿Por qué no vienes y me abrazas?

Yo estoy sola, yo no tengo a nadie, yo te amo a ti y quiero estar contigo para siempre.

Te amo como nunca amé a nadie en la vida, te amo como un cascabel que suena en la tierra.

 

Día 26: Esperanza.

Me he tragado mi orgullo y he llamado a una tregua a la paz. Gustosa aceptó, pues dice amarme.

Por favor no me mientas, sólo ámame. No me enjaules en un circo, yo doy tregua a la esperanza.

Yo sé que estuve mal, yo sé que aún hay tiempo, yo sé que aún puedes volver a vivir.

Porque guardo en mí la esperanza que reanima. Yo sé que voy a renacer más fuerte que el sol.

 

Día 27: ¿Y yo?

Estoy harta de tener que demostrar lo que ya soy. Odio la cercanía que después deja un vacío.

Estoy cansada de las emociones, ya no quiero ser humana. No me nieguen mi derecho a ser agua.

Estoy agotada por tanto esfuerzo al sonreír para después tener que llorar.

¿Y yo? Yo también tenía un lado oscuro al que di muerte. ¿Para qué resucitarlo? Podría asesinarte.

 

Día 28: ¿Y tú?

Mírame y no olvides quién soy, porque soy el único que puede salvarte.

Ámame, porque soy el único que va a protegerte de ahora en adelante, pues eres lo que más quiero.

Yo no devalúo tus sentimientos, sin embargo me duele que me olvidas tan fácilmente. ¡Despierta!

Llegué a ti como brisa que te llena de energía, jamás te dejaré caer, pues eres lo que más quiero.

 

Día 29: Luz.

¡Sabía que no te irías de mi lado para siempre! ¡Sabía que esto no sería para siempre!

Sin embargo disfruté todo, a base de llanto, claro está. Y la solución en mis manos ya. Volveré a ver luz.

Al fin supe que el amor no es un juguete y ya no estoy atada. Las sombras del dolor no pueden retenerme nunca más.

Era cuestión de orgullo, sí, tragué mi orgullo y a quien me amaba más despedí en la puerta mientras comía.

 

Día 30: Amanecer.

No eres un monstruo, ni mi enemigo, ni mi tormento. Simplemente eres tú, quien siempre me visita.

Miré al cielo y me di cuenta de que todo esto ha terminado, he aquí el amanecer.

Busco el amanecer que día a día me sorprende, pues ayer era rojo y hoy es sólo cielo.

Fui alcanzada y entonces vi su mano pues al fin he despertado. Al fin he visto que el final se acerca.

 

Día 31: Denisse.

¿Me abrazarías aún si supieras que no te quiero?

¿Me hablarías si descubrieras que mi tormento es tan cierto como las palabras que aquí expreso?

No estoy demente, no. Ni estoy llorando por ti. No tengo miedo ya, simplemente hay desbalance.

Baila conmigo a la media noche y recordemos lo que fue al principio, cuando todo mundo solía llamarme: “Denisse”.

 

Día 32: Mi historia.

Jamás me atreví a confesar y ahora debo hacerlo para poder recuperar mi luz.

Nadie aprende si no es a base de dolor y de la verdad, me han herido tanto que toqué fondo.

La vida que pretendía no era mía, la persona que creí, no era yo.

Pero a través de cada enseñanza y cicatriz he aprendido, y ya no soy más ella, ahora soy más fuerte, aunque lo que arranqué de mi corazón jamás podré volver a ver. Aunque no importa, pues eso con el tiempo sólo iba a matarme. Terminé los 32 días. Y ya jamás podré ser derribada.

 

Yo amo a quien mi corazón ha de amar y a pesar de que también amo lo que vivimos en el pasado, no puedo quedarme contigo para siempre. Estas son mis confesiones, las cartas de guerra, las notas al viento.