Mi Macondo y sus tradiciones

América Nicte-Ha.

“Eres, epopeya de un pueblo olvidado,

Forjado en cien años de amores e historia,

Y me imagino y vuelvo a vivir,

En mi memoria quemada al sol”.

 

– Oscar Chávez, Macondo.

 

1.- Mi Macondo.

El verano pasado leí por tercera vez la obra maestra de Gabriel García Márquez; Cien Años de Soledad. Si bien cada vez que leo al gran García Márquez me quedo maravillada, ésta ocasión fue muy diferente. Hace un par de meses escribí sobre Tecoanapa, un pueblo de la Costa Chica de Guerrero, y mencioné que a pesar de no haber nacido ahí, cada calle de ese pueblo contiene los mejores años de mi infancia y adolescencia. Por supuesto, también ha habido momentos tristes. Sin embargo, ya sea para darme alegrías o tristezas, esa casa y ese pueblo son parte de mi vida, de mi persona, de mi esencia, de mis recuerdos, de mis anhelos, de mis sueños, pues han  atestiguado el recorrido vital de mi estirpe.

Refiriéndose a la casa de sus abuelos en Aracataca, Colombia, el gran Gabo alguna vez expresó que él siempre iba a estar ahí, sin ningún motivo especial, sin edad, como si nunca hubiera salido de esa casa vieja y enorme que sin duda, fue su inspiración para Cien Años de Soledad. Así pues, la casa de la familia Chávez en Tecoanapa, es para mí el equivalente a la casa de la familia Buendía en Macondo. Por tanto, lo especial de esta tercera lectura es que por primera vez me sentí identificada con el mítico Macondo y con la casa de la familia Buendía. Me parecía que García Márquez estaba relatando la historia de Tecoanapa, y que había utilizado a Macondo como un nombre ficticio para no delatar el original. Identifiqué a mi abuelo con José Arcadio Buendía, a mi abuela con Úrsula Iguarán, y alguno que otro conocido del pueblo con personajes como Santa Sofía de la Piedad, Remedios la Bella, Mauricio Babilonia y el Coronel Aureliano Buendía.

Si bien todos -o casi todos- encajamos en Cien años de Soledad, al ser una narración de la historia y construcción de la realidad social, política y económica de los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, inspirado por supuesto en Colombia el país natal de Gabo, también puede ser la narración de historias particulares que se desarrollan en poblados y familias específicas. Entonces, me pregunté; ¿Cuántos José Arcadio Buendía habrá no solo en América Latina sino en el mundo entero?, ¿Cuántas casas, como la de los Buendía, habrán visto desfilar los amores, desamores, tristezas, alegrías, bonanza y penurias de las familias?, ¿Cuántos pueblos, como Macondo, se han marchitado por la llegada de la modernidad, el capitalismo y la pérdida de sus usos y costumbres?

Aprovecho esta última interrogante para transmitir la experiencia de la feria regional de Tecoanapa la cual, a diferencia de lo que le pasó a Macondo, se ha mantenido viva a pesar del paso del tiempo, la llegada del capitalismo y de la modernidad. No practico ninguna religión, pero así como Tecoanapa es parte de mí, por ende, también lo son sus tradiciones, cultura, usos y costumbres.

Cada primer fin de semana de octubre se festeja a la patrona del pueblo, la Virgen del Rosario. En el 2013 mi familia fue invitada para que fuéramos los mayordomos del pueblo durante dicha feria. Llevar la responsabilidad de la mayordomía significa servir a las danzas y al pueblo entero por un día, -específicamente el 7 de octubre- e invitarlos a comer y a beber, con el objetivo de enseñar a todxs los habitantes del pueblo a compartir y valorar las cosas materiales que poseemos, pues mientras nuestra familia se  pudo permitir aceptar el compromiso, hay otras que durante días no tienen un bocado que llevarse a la boca. La mayordomía también ayuda a reforzar los lazos de hermandad y la solidaridad comunitaria, pues la gente llegaba a nuestra casa a ofrecer su ayuda para cocinar, limpiar o servir la comida.

Señoras que llegaron a ofrecer su ayuda para elaborar los alimentos para la población.

2.- Sus tradiciones.

Sabemos que una parte esencial en la formación y fecundación de la historia y vida de los pueblos son las danzas. Por tanto, la principal forma de festejar, venerar y rendir homenaje a la Virgen del Rosario en Tecoanapa, son las danzas que salen a bailar en su honor durante ese primer fin de semana de octubre. Dichas danzas se alimentan de una dualidad cultural: la mezcla de la cultura originaria con algunos elementos culturales españoles heredados durante la época colonial. Algunas personas deciden “vestirse” para cumplir una “promesa” es decir, le habían pedido algo a la Virgen y el pago –cumplida la petición o no- es la promesa. Otras personas “se visten” para no perder la tradición de la feria y darle continuidad a las tradiciones del pueblo.

En la feria de Tecoanapa hay cuatro danzas y la principal es la de los Chareos, que narra las batallas entre moros y cristianos es decir, se remonta a la época de cuando los españoles expulsaron a los árabes de la península ibérica, y lograron proteger el dogma católico. Según cita la enciclopedia cultural del gobierno del estado de Guerrero, el antecedente de los Chareos en México está identificado desde la época del rey Carlos V, pues afirman que se tiene registrado que en ese periodo, se llevó a cabo por primera vez en la Ciudad de México y en Tlaxcala la representación de los Moros y Cristianos – danza que se puede tomar como antecedente por la influencia en la configuración de los Chareos-.

El personaje líder de los Chareos es Santiago, quien monta un caballito de madera color blanco. La feria comienza precisamente con “la bajada del caballito” de Santiago, que consiste en que los Chareos sacan al caballito de la casa en dónde permanece guardado durante todo el año, para que acompañe a Santiago y a los Chareos a danzar durante los días de la feria. La feria termina con “la guardada del caballito” es decir, regresan al caballito nuevamente al hogar que lo resguardará durante todo el año.

Guardada del caballito de Santiago. Tecoanapa, Guerrero. Octubre de 2013.

Los Chareos van acompañados de los terrones -dos personajes que representan el lado cómico de la danza al querer imitar a los Chareo-, quienes bailan y pretenden llevar su machete de pelea, que en realidad es de madera. Llevan unos morrales con ceniza, y persiguen a las mujeres con el propósito de arrojárselas, pues se supone que es la manera de recibir la bendición de la Virgen del Rosario. Es muy típico escuchar la frase: “me echaron ceniza los terrones”. Sin duda, los terrones son el dolor de cabeza de las mujeres del pueblo durante toda la feria.

Un terrón “echando ceniza”.

Así pues, mientras que para las mujeres los terrones son su dolor de cabeza, para los niños es el tigre -quién acompaña a la danza de los Tlacololeros y es un animal que forma parte de la historia y mitología guerrerense-. El tigre corretea a los niños por todas las calles y a los que atrapa, los revuelca en la calle. Los niños le gritan “tigre sin cola cabeza de totola”– o guajolote-, para provocarlo. El tigre va siempre acompañado del tirador y el perrito.

He mencionado que estos personajes forman parte de la danza de los Tlacololeros por tanto, explicaré a grandes rasgos el significado de dicha danza, para que puedan comprender el papel de estos personajes. Los Tlacololeros son la danza más antigua del estado de Guerrero, y es la que tiene el mayor número de elementos de cultura prehispánica u originaria. Representan a los agricultores –campesinos- y honran a Tláloc –rey de la lluvia-, para que ésta sea abundante durante el periodo de la cosecha. El tigre es quien invade las cosechas y  daña los sembradíos por tanto, es el villano de la danza. Aquí entran el tirador y su perro, quienes tienen la tarea de atraparlo para evitar que el tigre lleve a cabo dichos daños en las cosechas.

Los Tlacololeros y El Tigre.

Algo que me preocupa y estremece, es la posible pérdida de esta tradición. Don Epifanio –el responsable de las danzas-, me externó su inquietud por el descenso –aunque no significativo- del interés de los jóvenes en participar tanto en las danzas como en aprender a tocar los instrumentos que producen las melodías que acompañan a dichas danzas. Pues además de las personas que actualmente tocan los instrumentos, en estos momentos no hay ningún otro voluntario más en el pueblo que pueda ejecutar las melodías o que haya mostrado interés en aprender. ¿A quién le pasarán esta herencia una vez que los chicos que las ejecutan ya no estén?

Músicos tocando con instrumentos tradicionales la clásica melodía de los Chareos.

Las mulitas es una danza en dónde un padre le va a comprar una mula a su hijo y lo acompaña su esposa María Teresa. El meollo del asunto, es que padre e hijo terminan peleando por la compra del animal. Para disputar al ganador, bailan un jarabe típico guerrerense, y finalmente el vencedor compra “la mulita”. He de recalcar que el vencedor lo decide el público en el momento. Por tanto, cada contrincante se esmera con sus mejores pasos de baile.

 Los gallitos es la danza que más le gustaba a mi abuela por la música, y porque sus danzantes son niños, llenos de inocencia. Los personajes principales son la  malinche -que les da de comer a los gallitos-, el gavilán -que es el que se roba a los gallitos- y el cazador -que es quien defiende a los gallitos del gavilán-.

Don Epifanio dándole las gracias a los Chareos, a todas las danzas y a la población por haber contribuido un año más en la práctica de su cultura. Animándolos a que sigan manteniendo las tradiciones del pueblo.

Aunque el objetivo de la feria es festejarle a la Virgen del Rosario por medio de las danzas, también ponen en el pueblo juegos mecánicos, venta de comidas, una enramada –lugar destinado para todos los habitantes del pueblo que deseen bailar con  música de viento que toca chilenas durante todo el día y la noche-, fuegos pirotécnicos y por supuesto, la procesión al alba que se hace el día principal de la feria que es el 7 de octubre.

El maestro García Márquez afirmó que “por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere”. Por tanto, deseo compartir –de corazón y con mucho amor-, esta bonita experiencia cultural de mi propio Macondo. Vivamos nuestra cultura, reforcemos nuestras tradiciones, amemos nuestras raíces. Y sobre todo, mantengamos nuestros lazos de solidaridad y humanidad que estamos perdiendo en ese mundo que poco a poco nos está engullendo en cosas banales, individuales e inhumanas.

Gallitos tomando su descanso en la casa Chávez.

Fotos: Archivo personal de la autora.

4 thoughts on “Mi Macondo y sus tradiciones

  1. Excelente narración Ame, interesante descripción d la tradición guerrerense, la feria del pueblo, las danzas: los 12 pares o los moros, una mezcla épica d lo español y lo autoctono con algunos rasgos subversivos, pues si bien representan una batalla para expulsar a los moros d la península ibérica, los danzantes asumen vestimenta española por un bando y mexica por por el otro; igual y defienden la fe católica pero hacen referencia a la virgen d Guadalupe, símbolo d la mexicanidad, inspiradora d nuestra independencia, identificada con coatlicue, madre d huitzilopoztli

  2. Huitzilopoztli, dios d la justicia, el q defiende a los débiles y castiga a los malvados;Huitzilopoztli el pequeño colibrí azul, q defendió a su madre (coatlicue) d la ira d sus hermanos; coatlicue diosa dual, d la vida y la muerte, madre d lis dioses y d los hombres (mexicas), identificada con la virgen Guadalupe

  3. Igual d interesante m parece la descripción d la danza los tlacololeros. El tlacolole es el pedazo d terreno q el campe tumba, es decir, q limpia d maleza y varaña y q prepara para la siembra; ahí se encuentra al tigre con quien pelea pues ese tecuan defiende su hábitat.
    T felicito América, he leído algunas d tus publicaciones y m parecen realmnt d interés. T envió un saludo y un fuerte abrazo

  4. Estimado Marcos,
    Aprecio tus comentarios. Me han nutrido de nuevo conocimiento. Me da gusto que hayas disfrutado de esta narración, que lleva impregnada nuestras raíces.
    Con mucho aprecio,

    América.

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