México, te quiero

  América Nicte-Ha.

Los días posteriores al 26 de septiembre de 2014, intenté escribir unas cuantas líneas que me ayudaran a sacar la rabia e indignación que me oprimía el pecho y me hacía llorar al leer noticias y ver vídeos de lo que está pasando en mi entidad, Guerrero. Pero más allá de Guerrero, en mi país, México… Mi México, lindo y querido. Tuve la oportunidad de recorrer durante mi infancia la costa chica, la costa grande y la montaña de Guerrero. Esos años contribuyeron a mi formación personal y profesional, pues me enseñaron una realidad social diferente de la que vivía en la ciudad. Aprendí como la solidaridad, hospitalidad, hermandad, compañerismo, y el espíritu de lucha combinado con un estadio de paz y respeto, se puede encontrar en un contexto puro, libre de las ambiciones capitalistas, neoliberales, clasistas y de consumismo.

Nadé en los ríos de la costa chica de Guerrero sin preocupación de que estuvieran contaminados con sustancias tóxicas, caminé por las veredas del campo de Marquelia pastoreando chivos, sin temor a ser levantada o desaparecida, organicé una escuelita en Xochistlahuaca y Ometepec para hacer un intercambio de lenguas, yo enseñaría español y ellos me enseñarían amuzgo, sin miedo a ser reprimida, desaparecida, torturada, calcinada o amenazada por desear compartir conocimiento, por pensar, por analizar, por criticar, por mi deseo de aprender de otra cultura, dormí en hamacas al aire libre, oliendo el aroma de la huele de noche mientras los grillos me arrullaban, viendo las constelaciones, sin preocupación a nada y con sensación de libertad que muy pocas veces he vuelto a sentir, me gustaba ver confeccionar a la señoras los huipiles con su inmensa y hermosa variedad de colores, con la minuciosidad del arte de diseñar y bordar a mano. Un arte que muy poca gente de mi generación, y de las que se están formando ahora mismo, aprecia.

Tiempo después comencé a articular lo que pasaba en esos viajes, en el ir y venir, no eran de placer, eran de lucha, de esperanza, eran un grito de libertad, la izquierda cobraba fuerza, era una izquierda pura en donde los líderes luchaban por sus ideales, una izquierda donde no había jerarquías sociales, intereses económicos, infiltración de narcotraficantes, era una izquierda integra, no fraccionada, no corrompida y mucho menos debilitada como la de ahora. Entonces, conocí la represión y la violencia por parte del Estado, por parte del dinosaurio que quería frenar la emergencia de una fuerza opositora, la fuerza del pueblo.

Presencié en octubre de 1989 como la policía estatal encañonó a mi papá junto a otros compañeros porque protestaban por el fraude electoral que se había llevado a cabo en Ometepec. Sí, la izquierda estaba despertando y al igual que en las elecciones nacionales, que le dieron la victoria a Carlos Salinas de Gortari, el dinosaurio no la dejó emerger y le robó las elecciones municipales al profesor Ely Cisneros Guillén. La gente siguió protestando en el palacio municipal, hasta que un día de marzo de 1990 los policías los desalojaron con violencia, hubo heridos, golpeados, un chico muerto de un pueblo que se llama Cruz de Corazón, del municipio de Ometepec, y su hermano hasta el día de hoy está desaparecido juntos con muchos más que desaparecieron con el ese día. Por la noche balacearon la casa en donde vivíamos, afortunadamente estábamos en Acapulco, aún tengo las imágenes de las paredes blancas infestadas de balas, cartuchos en el piso y las ventanas llenas de agujeros.

Ángel Aguirre, José Luis Abarca y esposa. Fotografía: bigshable.com

Dicen –no lo puedo comprobar pero es un secreto a voces– que quién estuvo a cargo de ese operativo fue Ángel Heladio Aguirre Rivero; sí, el ahora ex gobernador por parte del PRD, a conveniencia, pero priista de corazón, que –regresando al caso de los estudiantes de Ayotzinapa—  se aferraba a su cargo con uñas y dientes, buscó hasta el cansancio chivos expiatorios y culpabilizaba a todos, pero que hasta el día de hoy, no tiene la fortaleza ni la decencia de aceptar la parte que le toca y a pesar de todo esto, no se quería ir, y si se fue, ahora sí que es porque lo presionaron las altas esferas. Muchos exclaman “el gobernador no tiene la culpa, el gobernador no los mandó a matar”, y yo les respondería; ¿Y el gobernador por el simple hecho tener la responsabilidad de ser el ejecutivo estatal no tenía la obligación de ponerle atención a las denuncias que los ciudadanxs de Iguala hicieron en contra del ahora también ex presidente municipal?

Toda la sociedad civil ha sabido durante lustros que Guerrero está infestado por el crimen organizado, y ahora resulta que el gobernador no sabía nada, ¿A poco no sabía de los levantones, del cobro del derecho de piso, de las narco mantas que aparecían, de los degollados colgados en los puentes, de la crisis económica de Acapulco por la falta de turismo debido a la ola de violencia?, ¿a poco no conocía a los presidentes municipales de la entidad que gobernaba? Y ahora resulta que no tiene nada de culpa. Su hijo está en la contienda a la presidencia municipal del puerto de Acapulco y hace unos días declaró con cinismo que tanto él como su papá no tienen nada que ocultar. ¿Acaso los guerrerenses tenemos tan poca dignidad y tan bajas aspiraciones como para seguir permitiendo que nos gobiernen estos pseudo políticos? Peor aún, ¿permitirá la sociedad guerrerense que ahora lleguen al poder los juniors Figueroa y Aguirre?, ¿hasta cuándo seremos capaces de romper con el histórico cacicazgo?

Hay que recordar la matanza de Aguas Blancas de 1995, gracias a eso Aguirre Rivero  tomó el cargo de gobernador interino, porque otro dinosaurio, Rubén Figueroa, salió del cargo. Basta tener presente la reseña que acabo de hacer en el contexto del intento de emergencia de la izquierda a finales de 1989 y principios de 1990, para tener en cuenta que “Don Layo” siempre ha estado presente en estos contextos. Entonces, veo que las desapariciones, la represión y la violencia, siguen en práctica por parte del Estado como hace 25 años, situación que en aquel entonces tampoco era nueva, recordemos el periodo de la llamada guerra sucia de 1969 a 1979 en donde entre los miles de desaparecidos políticos, esta mi tío Jaime López Sollano. Sí, al igual que los 43 estudiantes de Ayotzinapa de 2014 y al igual que el muchacho de Cruz de Corazón y sus compañeros de 1990, al igual que las muertas de Juárez, al igual que inmigrantes centroamericanos, y al igual que millones de mexicanxs que no conocemos, y que nadie ha alzado la voz ni protestado por ellxs.

A finales de los 80 y principios de los 90 también quería protestar, quería luchar, el ambiente en el que crecí me transmitía la energía, las ganas de hacer el cambio, recuerdo gritar en las manifestaciones al unísono de otra gente ¡El pueblo unido jamás será vencido!, tenía 5 años de edad y dije que me convertiría en periodista, reportaría y transmitiría todas las injusticias, violencia y conflictos que pasaban en Guerrero y en México, hasta que en el 2000, por fin la izquierda llegó al poder y el dinosaurio –en uno de sus actos de rabia, venganza y desesperación– mató a mi amigo Marco Antonio López Hernández por error, ya que el ataque era para su padre, uno de los líderes de izquierda. Para ese entonces ya había cumplido los 16 años y me rehusé a convertirme en periodista, me di por vencida, caí ante el dinosaurio defraudada, decepcionada de la política, se me terminaron las ganas de cambiar el mundo, de hacer la diferencia, me preguntaba ¿para qué tanta lucha si la gente es asesinada, desaparecida, secuestrada, reprimida o los mantienen marginados y en pobreza?
Y así, el dinosaurio me durmió, me venció, como seguramente lo ha hecho con miles de mexicanxs de diferentes generaciones, que ahora se muestran escépticas y apáticas al movimiento e incluso se quejan de él.

La vida me llevó a dedicarme a las Relaciones Internacionales y por este medio diplomático, quería aportar ese granito de arena a mi país, hasta el 26 de septiembre de 2014, cuando las noticias comenzaron a bombardear los diarios nacionales e internacionales sobre el asesinato de 6 personas y la desaparición de 43 alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Ayotzinapa, a manos ya no nada más de la policía estatal, ahora eran acompañados descaradamente del crimen organizado, eso, fue la gota que derramó el vaso. Todas mis ganas de luchar, gritar, exigir, y protestar renacieron nuevamente, desperté.

Marcha 5 de noviembre 2014, Ciudad de México. Fotografía: Más Música Menos Balas.

Es verdad que la situación es compleja, hay diversas posturas respecto a los ayotzinapos (como los llaman muchos con desprecio),  incontables condenas y  quejas de su forma de actuar, cuestionan su trabajo y los identifican como revoltosos, vándalos o delincuentes, que solo causan conflictos en lugar de dedicarse a su preparación y otros, se han volcado y unido a la lucha y clamor nacional. También hay que tener en cuenta que desafortunadamente existen grupos que se aprovechan de la situación para comenzar a delinquir, causar conflictos, hacer rapiñas, pero yo me pregunto; ¿No es esto resultado de la crisis social que tenemos?, ¿algo anda mal con nuestra sociedad, no?, ¿algo estamos haciendo mal?

No apruebo el vandalismo, ni ningún otro acto que atente contra la estabilidad social, bienestar ciudadano y seguridad pública, pero también debemos de ponernos en su posición, es muy fácil hablar desde afuera, sin tener a un hijo, familiar, amigo o conocido desaparecido, que probablemente esté muerto, es muy fácil quejarse sobre los problemas de tránsito y movilidad que genera una marcha, o el cierre forzoso de comercios y negocios por estas movilizaciones, pero al mismo tiempo nos quejamos del gobierno, de sus corrupciones, de su ineptitud, de su abuso de poder, de la mala economía del país, de la poca oferta de trabajo, de los levantones y secuestros, de nuestro pésimo sistema de salud y de educación. Entonces no entiendo, nos quejamos del gobierno pero también nos quejamos de los que quieren terminar con esto… ¿Y si nos vamos poniendo de acuerdo mexicanos?, ¿Qué queremos?

Hay que ir más allá de los ataques de la policía, del levantón y desaparición por parte del crimen organizado y el gobierno, hay que irnos al pasado para entender el presente, hay que leer el contexto local y regional, hay que conocer la historia de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, para entender la rabia del gobierno hacia ellos y viceversa. Históricamente las normales rurales han sido calificadas por el gobierno como un peligro, como un semillero de guerrilleros porque piensan diferente al sistema, porque protestan, porque no se dejan mangonear. Las quieren desaparecer, así como pretenden degradar a los ingenieros del politécnico en simples técnicos. Muchos se quejan por las ocasiones en que estos alumnos protestan, cometiendo actos de vandalismo, vuelvo a repetir no lo apruebo, pero hay que reflexionar: Cuándo te están reprimiendo, cuándo te están tratando de desaparecer, cuándo te ponen el agua hasta el cuello y no te escuchan ¿qué haces?  Los grupos de choque, infiltrados y demás organizaciones que aparecen al momento de este tipo de crisis para obtener beneficios a nombre de lxs víctimas tampoco se hicieron esperar por tanto, lo ideal es estar alerta, leer, indagar, pensar, analizar, antes de condenar o estigmatizar.

Quisiera preguntarle a lxs mexicanxs y guerrerenses ¿Vamos a seguir como sociedad solapando ese tipo de acciones de parte del gobierno? Es un hecho que hay personas muertas, desaparecidas, estudiantes que están siendo levantados y que el país está en una profunda crisis moral, social, política y económica.

Es necesario también tener en cuenta que este estallido social, es el resultado de varias décadas de malas prácticas de la administración pública, de la falta de su profesionalización, de la corrupción, del clasismo, del clientelismo, del servilismo, del racismo estructural, de una raquítica inversión en educación, de la negación y resistencia del Estado por formar a personas críticas, analistas y pensantes, de la falta de reproducción de valores cívicos, morales y éticos en la sociedad, pues al fin y al cabo, los narcos, los servidores públicos, políticos y líderes salen de nuestra sociedad.

Marcha 20 de Noviembre 2014, Ciudad de México. Fotografía: Más Música Menos Balas.

 Ayotzinapa es la gota que derramó el vaso y destapó la crisis de ilegitimidad, corrupción, ingobernabilidad, incumplimiento de derechos humanos, desigualdad económica y social del país. Más allá de las formas de protestar y las consecuencias que éstas traigan, es necesario despertar, exigir nuestros derechos, movilizarnos, con respeto y organización, para ayudar a cambiar la situación, porque si nos limitamos a quejarnos, a condenar y criticar actuaciones de los protestantes, y por otro lado a condenar, quejarnos y criticar al narco gobierno, sin hacer nada, no habrá cambios, seguiremos estancados y repitiendo la misma situación en el futuro pero con diferentes víctimas y victimarios.

También inició la cadena de culpabilidades, que si los empresarios ya habían reportado el clima de inseguridad y violencia en el estado y en Iguala, que si Aguirre destituyó a Lázaro Mazón por su amistad con el ex alcalde de Iguala, que si Enrique Peña Nieto, Osorio Chong y Murillo Karam no dan respuestas claras, que si todo el aparato gubernamental oculta información.

Lo que es verdad, es que todos sabíamos que el narcotráfico estaba infiltrado, todos sabíamos la corrupción en el gobierno, todos sabíamos la compra de plazas de maestros, los dedazos en los puestos políticos, la deficiencia en nuestro sistema educativo y de salud, la venta de los recursos energéticos del país, la costumbre de la sociedad civil de dar mochadas, de las muertas de Juárez, de los niñxs de la guardería ABC, de pequeñxs secuestrados para traficar con sus órganos, de las violaciones de derechos humanos ya no sólo a mexicanxs sino también a inmigrantes centroamericanos, todos sabíamos e hicimos poco o nada, nos mostrábamos indiferentes, apáticos, alguna vez criticábamos, solo eso.

Por tanto, somos cómplices directos e indirectos de toda esta situación, exijamos justicia, derechos y respeto, actuando de la misma manera. Ya no bajemos la cabeza ante las autoridades, ellos son nuestros empleados, no los veamos como omnipotentes, ya no nos quedemos callados, pidamos cuentas, resultados, desarrollo, inversión, transparencia, un sistema de educación y salud digno, pero practiquemos nosotros mismos eso que exigimos.

Me entristece profundamente leer que asesinaron a un periodista en pleno programa de radio, que una madre –ahora muerta– continuara su lucha por su hijo desaparecido frente a la Secretaría de Gobernación, que secuestraron y asesinaron a una doctora que luchaba en las redes sociales contra grupos narcotraficantes, que nuestro gobierno está infiltrado, corrompido, doblegado, que encarcelan a líderes que luchan por la libertad del país y dejan que se escape el que contribuye a su secuestro, que las muertas de Juárez aún no se les ha hecho justicia, que el gobierno federal compra el avión presidencial más caro del mundo mientras que México es uno de los países con mayor pobreza laboral e informalidad, y nuestras principales carreteras y vías de comunicación están llenas de baches, los puentes se caen y tenemos comunidades rurales con carreteras de terracería, que la OCDE lo ha declarado: México el peor lugar para vivir. Mientras que tenemos a gobernantes socialité, que se pasean en jets privados y conviven en la farándula y la clase alta, me indigna la cantidad de casos de conflicto de interés que existen con tanta casa, la blanca, la de Malinalco, la de Ixtapan de la Sal, las casas de casi todo el gabinete de EPN,  mientras muchos mexicanos no tienen acceso a un crédito del INFONAVIT o FOVISSSTE, o los que ya tienen sus casitas, se les están cayendo a pedazos por la pésima calidad de los materiales, en dichos conflictos de interés están por supuestos las licitaciones del tren bala México-Querétaro y el acueducto Huasteca-Monterrey.

Me da rabia que en México tenemos el octavo salario mínimo más bajo respecto a nuestro nivel de riqueza y el más bajo entre los países miembros de la OCDE, y aun así paguemos las carreteras más caras del mundo, como la autopista del sol que, dicho sea de paso, está cayéndose a pedazos, que los que tienen menos ingreso tributen más que los millonarios que evaden impuestos o lavan dinero, que paguemos de alguna manera la gasolina más cara del mundo, y aunque seamos un país petrolero ahora también le compremos a Estados Unidos petróleo crudo ligero proveniente de Libia, que la línea 12 del metro siga sin funcionar desde marzo de 2014, a pesar del aumento a cinco pesos del boleto, y que se destape toda la corruptela que hubo detrás y así, mientras 435 mil usuarios se ven afectados diariamente por el cierre de esta línea, Raúl Salinas De Gortari, que ha sido exonerado de las acusaciones de enriquecimiento ilícito cuando su hermano Carlos era presidente, se pasee libremente en un BMW.

Minga. Cerro de las Tablas en la Costa Chica, Guerrero. Fotografía: Más Música Menos Balas.

Deseo que otras generaciones naden en los ríos y que éstos no se encuentren contaminados, que sepan lo que es jugar al aire libre, pasear por el campo, sin que encuentren narco fosas o laboratorios donde elaboran drogas sintéticas, deseo que conozcan el país movilizándose sin miedo a ser secuestrados, que aprendan las lenguas que tenemos sin negarlas o menospreciarlas, que disfruten nuestra cocina, que conozcan las raíces que conforman nuestra identidad, que pregunten, cuestionen y se vuelvan personas críticas y que sean capaces de analizar situaciones y coyunturas sin el pánico a ser desaparecidxs, asesinadxs o heridxs, torturadxs o calcinadxs. Deseo que tengan oportunidad de dormir en una hamaca al aire libre, arrulladxs por los grillos con una sensación de paz y libertad que desde hace mucho tiempo no existe en México.

Así pues, a 4 meses de aquel 26 de septiembre de 2014, invito a toda mi generación y a todos los mexicanxs a despertar, a no dejarnos envolver por una televisión basura, a no conformarnos con políticas paternalistas, con sobornos, con puestos de dedazo, a no callar ante actos de impunidad, a leer, a informarnos, a ser críticos a exigir nuestros derechos, ejecutando nuestros deberes con responsabilidad y respeto, a sumarnos a la causa y ayudar en la configuración de un cambio que todxs pedimos y anhelamos y sobre todo, a NO tener miedo de dar ese primer paso y así, un día despertar y decir; ¡Por fin, el dinosaurio ya no está aquí!

 Porque no perdono, ni tampoco olvido, no en esta ocasión.

 México, te quiero.

Fotografía: Más Música Menos Balas.

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