Historias orientales en occidente: Observando al mundo con los ojos rasgados

América Nicte-Ha.

Cuando llegué a España por allá de septiembre de 2011, fue un poco “chungo” –como dicen aquí- el adaptarme y acostumbrarme, no al acento –el seseo o ceceo, para los andaluces, al pronunciar las consonantes z y c-, ni a sus costumbres culinarias o a sus famosas dos horas de siesta que paralizan las ciudades completamente, sino más bien al tono pesado, directo, y fuerte -como si te estuvieran regañando o enojados- con el que algunas veces te contestan.

Durante el transcurso de esta semana, viví comportamientos que si bien ya había experimentado anteriormente, no habían sido tan constantes como en estos días. Por ejemplo; Cuándo empujas, tropiezas o chocas contra alguien por accidente, mientras transitas por alguna enorme y concurrida avenida, lo más sensato es ofrecer una disculpa, y lo más normal es que la persona te responda con una ligera sonrisa o un no hay problema. Cuándo te encuentras con un vecino al entrar o salir del edificio, lo más lógico es que saludes y des los buenos días, tardes o noches, y lo más normal es que el o la vecinx responda a la cortesía.

Pues bien, fui protagonista de estas dos escenas por lo menos 5 veces en dos días, pero la respuesta de mis interlocutores fue una muy distinta a la que normalmente se espera; no me regresaron ni a ver. Esta experiencia mezclada con el asunto del tono de voz, y a que justamente en esos días había escuchado en el supermercado una conversación entre dos señoras españolas quejándose de los muy malos modales que tienen los chinos que viven en España, me inspiró a escribir estas líneas sobre las diferencias culturales entre occidente –España- y oriente –China-, y a reflexionar sobre la carencia de tolerancia y respeto a las diferencias culturales.

España cuenta con una enorme comunidad china que se ha expandido en el área comercial. Lo que sería equivalente a las tienditas de la esquina, a los Oxxo o a los Seven Eleven –a excepción de las tiendas latinas- son de propietarios chinos. También están invirtiendo en negocios de ropa –se puede encontrar tiendas de hasta tres plantas que ofrecen todo tipo de vestimentas, zapatos, accesorios e incluso lencería-, aparatos electrónicos, informática, restaurantes e incluso, existen escuelas que ofrecen educación con el modelo chino. Así pues, la comunidad china se ha logrado insertar en la actividad económica española y por ende, forma parte de su sociedad pluricultural y multicultural.

Escuela China en Zaragoza. Foto: América Nicte-Ha.

Como todo migrante –y más aún cuando hay crisis económica e inestabilidad política-, la comunidad china está expuesta a estigmas y es vista como una amenaza, fruto de la cerrazón mental, desconocimiento cultural, adopción y aceptación a raja tabla de estándares culturales -lo que está bien o está mal- impuestos por el modelo cultural occidental.

Tuve la oportunidad de visitar China (Beijín) a finales de mayo y principio de junio del 2014, y he tenido la fortuna de escucha anécdotas de un par de graciosxs y bonachonxs chinxs –Aachin y Yan-. Pues bien, regresando a la conversación de las señoras sobre los malos modales de los chinos, me detuve a recorrer los recuerdos que me guardé durante mi estancia por aquellas tierras, y saqué de mi cajón de las anécdotas las historias de Aachin y Yan.

Durante el tiempo que estuve en Beijín, me llamó poderosamente la atención que a los niños pequeños –calculo que en un rango de edad de entre 1 y 2 años-, los llevan por la calle con sus pantaloncitos, pantaloncitos cortos o “shorts” –como les llamamos en México- que tienen una abertura por detrás –sí, en las pompis-. Mi compañera de viaje ya me había comentado sobre dicha peculiaridad, ya que su hermana había visitado China dos años antes que nosotras. Sinceramente, nuestra primera impresión fue exclamar, “¡Pero que cochinos son los chinos!”, -la frase hasta remaba- e incluso, nos dimos a la tarea de cazar a algún pequeñín para capturar la imagen y así, al contar nuestra anécdota comprobar su veracidad.

Pequeñito chino con pantaloncitos con abertura. Foto: América Nicte-Ha.

 La guía de mi paseo por una de las zonas más antiguas de Beijín era encantadora, recitaba la historia de la zona con pasión y melancolía e incluso, al finalizar nuestro tour me compró un helado de Mc Donalds sabor chicharo. -sí, lo que nosotros comemos en ensaladas, sopas o platillos salados-. No dudé en preguntarle el motivo por el cual los niñitos circulaban con esas peculiares vestimentas por las calles. ¿No es anti higiénico? -pregunté-. Ella respondió; Parece, pero no. La realidad es que en China, la gente no se puede permitir comprar pañales desechables, de esos que ustedes amontonan en pilas de basura o tiran en la calle contaminando el ambiente. Ponerle a sus hijos un pañal, significa que ganas mucho dinero, o que provienes de una familia acomodada. Lo que hacemos, -dijo la guía- es entrenar a los niños para que avisen a una edad mucho más temprana de la usual. Para ellos la abertura es un desafío es decir, tienen que aguantar y avisar a tiempo porque si no, es una vergüenza. Así, no gastamos en pañales –que no podemos comprar-, no contaminamos y los educamos desde más temprano. Obviamente habrá por ahí alguno que se le escape, o padres que lo practiquen de manera errónea.

Otra situación que he podido confirmar tanto en oriente –China- como en occidente –España-, es que literalmente los chinos NO duermen. Las tiendas –principalmente restaurantes o de abastecimiento de alimentos- así como cualquier otro establecimiento que trabaje con turistas o negocios, están funcionando las 24 horas sin interrupción. Los desayunos los ofrecen desde las 4 am, aunque siempre tienes la carta disponible para comer lo que desees.

Helado de chicharo de Mc Donalds. Foto: América Nicte-Ha.

El día que íbamos a aventurarnos en la gran Muralla china, el tour comenzaba a las 7:00 am. Nos buscarían a las 6:00 am. Nuestras guía nos marcó a las 4:45 am con una voz fresca, vitalizada y con un toque de emoción, anunciándonos que llegaría dentro de una hora y cuarto. Nosotras, apenas y tuvimos tiempo de asimilar sus palabras, para después regresar a la cama. Más tarde le pregunté; ¿Por qué nos has llamado tan temprano? A lo que me respondió; ¿Temprano? ¡Ya eran las 4 45 am!, ¡pensé que estaban de pie! Aquí nunca es temprano, todo es un espiral que va y viene. Ustedes se guían mucho por el tiempo. Determinadas horas de trabajo, determinadas horas de descanso, determinadas horas para esto, determinadas horas para lo otro, determinadas horas para aquello y así, se les va la vida esclavizadxs al tic tac del reloj…mejor que todo sea infinito y constante…

Entrado a un tema menos agradable, quiero mencionar que si  bien los chinos tienen fama de ser poco higiénicos -lo que por supuesto tiene sus bases y fundamentos- al ejecutar hábitos como escupir en las calles, o desprender un hedor penetrante que te marea, hace que te chillen los ojos y te cause náuseas, si te encuentras atrapada en un vagón del metro en hora pico –que no es más que producto de su genética-, también han sido pioneros al echar a andar acciones que en occidente apenas se están poniendo de moda. Por ejemplo, en lugar de pagar por un boleto del metro, en algunas estaciones lo puedes canjear por botellas de plástico. De esta manera les ayudan con su economía al mismo tiempo que reciclan.

Popular paleta de frijoles, chicharos y crema. Foto: América Nicte-Ha.

Lxs chinxs le tienen mucho aprecio a la naturaleza. Al principio parecía muy cómico, observar que tanto chicas como chicos, se tomaran fotos posando en un árbol. Hasta nosotras nos sacamos alguna que otra con esa pose. Ya saben, a donde fueres, haz lo que vieres. Empero, después descubrí que para ellos tomarse fotos posando en un árbol significa vida y respeto. Sí, respeto a la madre naturaleza, aquel que aquí ya hemos perdido. Aunque China sea uno de los 10 países que más contamina en el mundo, su gente está consciente de que eso está mal, y se aferra a respetar la naturaleza, rindiéndole tributo de esta manera.

También observé que en cualquier lugar que tuviera el espacio suficiente y condiciones adecuadas para descansar, lo ocupaban. No importa que sea de día, de noche, por la tarde, por la mañana o al medio día.  Al preguntar a una señora que vendía helados si eso era costumbre, me respondió; ¿por qué nos vamos a detener a descansar si tenemos la posibilidad de hacerlo? Es verdad que en occidente podemos ver a gente echada en el pasto pasando un buen rato y descansando pero, no la vemos cada dos por tres en cualquier parte de la ciudad literalmente durmiendo. Hemos adoptado reglas y comportamientos sociales aún en contra de nuestras necesidades o demandas físicas es decir, tengo la certeza de que si alguien siente sueño o cansancio, no se va a parar en el primer lugar que considere adecuado para satisfacer esa necesidad que su cuerpo le pide. Sería visto como algo bizarro.

Pareja dormida en una de las avenidas laterales a la histórica plaza de Tiananmen. Foto: América Nicte-Ha.

Es bien conocido que China es parte del grupo de los paises emergentes bautizados con el acrónimo de BRICS. Acaricia un gran poderio económico, cuenta con una infinita capacidad de producción de mercancias, alto porcentaje de turismo y por supuesto, dispone de una inmensa mano de obra. Sin embargo, en China es muy raro que alguien hable inglés –sin contar a los hombres de negocios, empresarios y personal del gobierno-, ni siquiera los que se dedican al turismo. Fuimos muy afortundas con nuestras guias, pues por lo menos sabian lo básico para comunicarnos, intercambiar algunas opiniones y proporcionarnos la información de nuestro paseo. Entonces, ¿cómo le hacen para comunicarse con los turistas? Aprovechan la tecnologia de la que ahora podemos disponer. En las agencias utilizan traductores en linea. Te señalan el espacio en el que tienes que teclear, le dan click a traducir, lo leen, y después teclean su respuesta. Así pues, le pregunté a una de mis guías. ¿Por qué no hablan inglés si son una potencia emergente?, me respondió; “por eso mismo… porque somos una potencia emergente, si quieres venir a China, aprende chino o acóplate a nuestra forma de comunicarnos”. Ya no tuvo que decirme más…ellos mandan.

Traductor en línea, la forma de comunicación con el mundo en una agencia de turismo. Foto: América Nicte-Ha.

Cambiemos de posición geográfica, y movámonos de China a España. Me sitúo en la calle Alcalá –la más larga de Madrid-, en donde conocí a Aachin y Yan gracias a Angie, mi amiga paraguaya. En una de nuestras veladas mientras cebábamos un mate, comenzamos una discusión sobre la preservación de las prácticas culturales cuando resides en otro país. En algún punto de la conversación recordé las quejas que tenían sobre los chinos las señoras del supermercado, e inmediatamente puse sobre la mesa el tema de la poca tolerancia y falta de respeto que tenemos hacia diferentes culturas. En ese mismo momento, Aachin saltó irritado y dice; “Yo no sé porque los españolxs se quejan de nosotros, si ellos también tienen sus puntos débiles. Por ejemplo, las españolas se conforman con una bufanda o un suéter de 5 euros. Hasta se emocionan y se llenan de júbilo con ese tipo de presentes. En China, si le das a tu novia un regalo así, lo que obtienes es –imita a alguien propinando unas buenas cachetadas, y lo acompaña de un ruido gracioso para aderezar su actuación-”. Respondo con una sonora carcajada, en señal de estar de acuerdo y corroborar lo que sostiene.

Nuestro amigo nos comenta que en China es muy importante cortejar a las chicas con regalos de calidad, eso habla lo serio que eres respecto a la relación que quieres comenzar, y añade que mientras los hombres no tengan trabajo, tampoco tienen novia. Le pregunto ¿Por qué? y responde; “No puedes gastar dinero que no es tuyo en tu mujer, es algo indigno, es amoral. Lo tienes que ganar y producir tú, es una vergüenza que el dinero que tus padres produjeron vaya destinado a tu mujer”. No puedo evitar comparar China con España –incluso México-, en donde hasta muy entrada edad los hombres viven y cortejan auxiliados de los recursos de sus padres. Incluso ya casados, muchas veces los padres son los que salen al quite.

No puedo dejar de mencionar el tema de la familia y la responsabilidad. Al momento en que Ángela sacó la conversación sobre la política de tener un solo hijo, Aachin agregó al debate que además de ser un tema delicado por cuestiones legales, es también un tema delicado por cuestiones morales. “Embarazar a una mujer y abandonarla es impensable”, apuntó. Cuéntame más, le demandé. Aachin no encontraba las palabras adecuadas y suficientes para explicarme, así que buscó su traductor y lo resumió en la siguiente palabra; “Vergüenza”. No dije más y pensé; en occidente no conocen está palabra.

Aprovechando la atmosfera romántica, Yan comenta la anécdota de cuando su marido le pidió matrimonio. Comienza poniéndonos en contexto sobre el recorrido que hizo para realizar el famoso camino de Santiago. Sus ojos se le iluminan y su sonrisa no puede desaparecer mientras vuelve a juntar las imágenes de su experiencia para transmitírnoslas. Cuenta pues, que en la primera parada que hicieron ella y sus acompañantes, un taxista llegó a entregarle un enorme ramo de flores, con una tarjeta firmada por su novio, pidiéndole disculpas por no haber podido acompañarla en el viaje. El propio detalle de enviar a un taxi a buscarte con un ramo, te deja sin aliento.

La siguiente parada fue en el hotel donde dormirían. Yan recordó que la anfitriona les pidió que se sentaran específicamente en una mesa que tenía una lap top encendida. Ella pensó que la quitaría de ahí una vez que se acomodaran. La sorpresa fue que una vez sentada, la lap top comenzó a transmitir un video hecho con fotografías de diversos momentos de su noviazgo, y cerró con un mensaje deseándole un feliz aniversario. Finalmente, al siguiente día cuando terminaron el camino y se dirigieron a la catedral de Santiago de Compostela, su ahora marido la estaba esperando en la puerta, con una pequeña banda de cuerdas y un anillo en su mano. Pensé inmediatamente; un español promedio no haría este tipo de propuesta matrimonial. Parece que Yan leyó mis pensamientos y los convirtió en sonido antes de que yo pudiera articular y soltar la frase fuera de mi boca, al pronunciar un pensamiento muy parecido al mío.

Regresando de nueva cuenta a la quejumbrosa conversación de las señoras del supermercado, me puse a reflexionar; ¿Cuáles malos modales? Prácticamente trabajan las 24 horas y además de ser potencia emergente mundial, en España es una de las comunidades que más contribuye a mover la economía. ¿Cuáles malos modales? Sí los hombres –por lo menos Aachin y sus allegados-, se comportan a la altura de un caballero, no por el valor material de sus regalos, sino por el coraje, dignidad y moral que va impregnado en sus formas de cortejar, y por el respeto y responsabilidad que aún le rinden a la institución familiar. ¿Cuáles malos modales?, me intimida más –aunque esté consciente de que es algo cultural- el tono con el que algunas veces me responden en España y me enerva la sangre la manera en que me ignoran cuando ofrezco una disculpa o refiero un saludo.

Ergo, así como no todos los españolxs son tacañxs, no todos los chinxs son sucios, así como no todxs los españolxs tienen ese tono directo y pesado al hablar, no todos los chinxs pertenecen a la mafia, así como no todxs los españolx duermen la siesta, no todxs los chinxs son dormilones callejeros. Y así, la lista podría seguir y convertirse en infinita.

Por tanto, hago un llamado para que seamos tolerantes y respetuosos con otras culturas, a no estigmatizar, a no generalizar nuestras vivencias, a no condenar sin conocer y haber vivido esas experiencias revitalizantes que te llenan el cuerpo y el alma de energía, y que completan diferentes partes de tu ser –antes desconocidas- al vivir y practicar nuevos usos y costumbres, mientras observas al mundo con los ojos rasgados.


NOTA: Este artículo ha sido escrito desde una experiencia específica, única y particular. Por tanto, pido al lector no generalizar lo relatado, y expreso con antelación mi respeto al pueblo español y al pueblo chino. De hecho, no puedo asegurar que todxs los interlocutores que me ignoraron hayan sido españolxs, probablemente algunx sea extranjero asimilado a la cultura, y tampoco puedo asegurar que todos los chinxs sean como Aachin o Yan.