Flores en las colinas de Guerrero

Ela Chrzanowska.

La temporada de lluvias llega aquí en junio y dura hasta octubre. Inicia un nuevo día de marzo, pero el cielo está excepcionalmente nublado. Bajo la mirada vigilante de los padres y protegidos por una hamaca tendida cerca del suelo, un puñado de polluelos sacude enérgicamente sus plumas mojadas. Las hojas de la planta del plátano se mueven lentamente bajo el peso del agua. Las flores de malva, a ambos lados de la entrada de la casa, agradecen a las gotas un momento de respiro. Tal como ellas abren sus pétalos hacia la luz de la mañana, las personas resguardadas en un espacio seguro, se abren revelando sus secretos.

En la pequeña ciudad de Iguala, en la parte sur-oeste de México, a la sombra de un extenso árbol de mango, varias familias manifiestan su verdad. Esperan que al compartir sus vivencias, disminuya el sentimiento abrasador de soledad. Quieren ser escuchados, pero mantener su anonimato. Describen los sucesos y los sentimientos tras perder a sus hijos, hijas, padres, madres, maridos, esposas, hermanos y hermanas. Aprenden a convertir el miedo, después de ocultarlo por años, en acción. Quieren que el mundo se entere que luchan para mantener su dignidad humana y que los van a buscar hasta encontrarlos, a ellos, los desaparecidos de Guerrero.

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“Reclutamiento”

Rosa: —Siempre estuvimos juntos. Estamos casados desde hace veintiséis años, tenemos tres hijos. Mi marido es policía. Quizá lo hayan secuestrado sólo a él, pero en realidad nos secuestraron a todos, a toda la familia— confiesa con la voz quebrándose.

Una mañana de marzo del 2014, el marido de Rosa salió de la casa a tomar clases en la universidad y en la tarde ya no regresó. Al día siguiente habló por teléfono a la casa. Dijo que todo estaba en orden, pero no sabía cuándo regresaría. Desde entonces ha pasado un año y ya no volvió a comunicarse. Su superior en la policía evade las llamadas de Rosa y evita cualquier encuentro en la calle, a pesar de que Iguala es una ciudad pequeña. Sospecha que su marido fue secuestrado para trabajar para uno de los cárteles, tomando en cuenta sus conocimientos. Estudió derecho y grafología (estudio de autenticidad de la escritura manuscrita) y posteriormente adquirió mucha experiencia en las actividades logísticas. Antes de trabajar en la policía, más de diez años sirvió en el ejército, en la sección de información y operación. Los últimos diez años trabajó en la policía local en el departamento de los robos de automóviles. Con esta experiencia profesional era un candidato ideal para trabajar para un cártel.

Algunas desapariciones en Guerrero son para “el reclutamiento” de esclavos necesarios para trabajos tales como la prostitución, el cultivo de amapola y mariguana, o la producción de drogas en los laboratorios. Sobre éstos últimos se dice, que funcionan como urbes subterráneas, llenas de trabajadores y especialistas en tecnología de elaboración de heroína y opio. Los cárteles, al tener un espectro amplio de negocios necesitan gente que trabaje en logística y transporte, con experiencia en grandes empresas, o bien, en instituciones estatales. A algunos se les puede convencer de colaborar y a los que no, simplemente se les secuestra, no pocas veces con el consentimiento de los superiores.

Se lo llevaron de su casa

Margarita: —Eran las cuatro de la tarde. Acabábamos de comer y descansábamos en la sala viendo el noticiero. Me levanté para tomar un vaso con agua. Saliendo del cuarto vi como entraban a la casa cuatro hombres encapuchados y armados. La puerta de entrada tenía abierta una ventila, metieron la mano e irrumpieron a la casa. Con groserías me preguntaron dónde estaba mi marido y me ordenaron ir a buscarlo. – “Venimos por ti. ¡Levántate!” – gritaron. Desconocían su nombre. Dos de ellos se ocuparon de él, los otros dos me vigilaban a mí. Me ordenaron no mirarles a las caras. Lo levantaron y jalaron hacia la salida. Se lo llevaron sin zapatos. Mi esposo preguntó: – “¿Por qué me llevan? ¡No he hecho nada malo!”- Entonces lo golpearon en el estómago. Preguntaron dónde estaba estacionado su taxi y le ordenaron entregarles las llaves. Mi esposo me pidió que alcanzara las llaves colgadas en un clavo en la pared y se las entregara. Mientras las entregaba, el hombre volvió a ordenarme que mirara al otro lado. Me advirtió que no se me ocurriera llamar a nadie, pues ellos regresarían. Desde la puerta vi como metieron a mi esposo, con la cara hacia el suelo, al asiento trasero de uno de los dos carros. Y partieron. Se llevaron también el taxi. Tan solo sé que se dirigieron hacia Iguala, pues mi cuñado vio nuestro taxi en la carretera yendo en dirección a la ciudad. Desde aquel día no sé nada de él. Ni una llamada, nadie pidió rescate, nada. Silencio total. Sí, nuestros hijos vieron todo. Durante mucho tiempo les dio miedo vivir en la casa. Al principio mi hija no quería ir a la escuela, cuando por fin fue, lloró todo el camino. Tan solo después me confesó, que le daba miedo dejarme sola en la casa, que no me sucediera lo mismo que a su papá. Ahora ya todo se tranquilizó un poco, ya pasaron dos años y medio. Yo al principio no podía dormir para nada, no comía, adelgacé hasta cuarenta kilos. Ahora ya estamos un poco mejor. No es que me olvidara de todo esto, pero pasa el tiempo y uno tiene que seguir adelante. La doctora me dice “tiene que superarlo, tiene dos hijos, ¿quién cuidará de ellos si usted se enferma?”. Así que trato de hacerlo. Pero mis hijos siguen preguntando por él.

Las desapariciones forzadas se asemejan a los métodos aplicados por los gobiernos totalitarios. Así se crea un sistema del poder real ejercido por los narcos. Los grupos de mafiosos muestran de esta forma quién manda aquí y aterrorizan a la gente, dispuesta por miedo a colaborar y pasiva frente a la violencia. Además, perteneciendo a grupos enfrentados, luchan por dominar territorios. No hay certeza en cuanto a la suerte de los desaparecidos. Se dicen cosas, que algunos han regresado a sus casas después de años de ausencia, o que dan una señal de vida, pero nadie, además de la familia más cercana, se entera. En ello creen las esposas que esperan a sus maridos, las madres que esperan a sus hijos. Les mantiene en vida la esperanza de que algún día regresarán. Aquí  la esperanza muere al último.

Rescate en el ramo de gladiolas

Juana: —Mi sobrina Norma tenía treinta y tres años cuando el día 26 de abril del 2014 fue secuestrada. Hablaron a su madre en los EUA, pidiendo rescate por la cantidad de doscientos mil pesos. Obviamente no tuvo esta cantidad de dinero, es una madre soltera con tres hijos. Dos días después volvieron a hablar y demandaron preparar la mitad de esta cuota, si quería recuperar a su hija con vida. Pusieron a Norma al teléfono y ella rogaba que encontráramos el dinero. Durante los días siguientes, con toda la familia, nos dedicamos a juntar la lana para el rescate. Los secuestradores volvieron a comunicarse y nos ordenaron dejar el dinero a dos horas de camino, en un lugar que indicaron. El dinero lo teníamos que colocar en un costal de maíz, o en una caja de galletas, pero ese día había alguna fiesta local y todos los comercios estaban cerrados. Corríamos como locos, por fin encontramos una florería abierta, en donde compramos un ramo de gladiolas. Creo que blancas. Metimos el dinero dentro del ramo, sujetándolo con un cordón: ochenta mil pesos de un lado, y veinte mil del otro. Después dejamos las flores con el dinero a un hombre, que nos esperaba junto a la carretera, en un coche grande. Me fijé en la matrícula de su coche. El tipo que nos habló, aseguró que Norma regresaría en dos horas. Pero ella nunca regresó. Al día siguiente le hablaron a mi hermana, reprochando que no recibieron el dinero. Después marcamos este mismo número, pero ya nadie contestó. Pasó más de un año desde que Norma desapareció, y no tenemos de ella ninguna señal de vida. Durante mucho tiempo tras el secuestro marcábamos su número de celular, checábamos en Facebook y en Whatsapp. No ha habido ninguna actividad en estos medios. No fuimos a la casa que habitaba Norma porque nos dio miedo. Tampoco avisamos de su desaparición a la policía. Nadie nos asegura la protección, pero continuamente se escucha de las amenazas que reciben los que buscan a sus familiares – agrega Juana.

—¿Cómo se siente su hermana?— pregunto.

—Está muerta en vida— contesta Juana.

La hermana de Juana no puede venir a México para buscar a su hija, pues se encuentra de ilegal en los Estados Unidos, o “en el otro lado”, como suelen decir los mexicanos.

Para las organizaciones delincuenciales las personas vinculadas con alguien viviendo en los Estados Unidos son un objetivo ideal. Y casi cada familia en Guerrero tiene allá a algún familiar. Los secuestros para obtener rescate son una manera fácil y rápida de obtener dinero, y esto no se limita tan solo a familias adineradas. Pueden secuestrar a cualquiera de quien obtienen el número telefónico y saben dónde vive. Los delincuentes tienen la seguridad de que la familia hará todo para recuperar a su ser querido, vendiendo la mitad de la casa, muebles y recuerdos, pidiendo prestado en los bancos y entre los conocidos.

Dios nos manda a la gente buena

Cristina es esposa del abogado que desapareció el día 8 de enero de 2011. Sospecha, que su secuestro está vinculado con uno de los casos que tenía y se volvió incómodo para alguien. Además durante algunos años tuvo un romance con una mujer que desempeñaba un alto cargo en la procuraduría y a quien, por algunas razones desconocidas, tenía miedo de dejar.

Cristina no ha dejado de buscar a su marido, aunque reconoce que desde su desaparición, su vida mejoró en muchos aspectos.

Cristina: —Me convertí en una mujer independiente, consciente de mis necesidades y valiente ante la vida. Siendo su esposa nunca salía sola, él me llevaba a todas partes. Tenía ayuda para todo, pero también todo tenía que estar a la perfección. Tenía miedo hasta de comprar un cuaderno, porque me parecía que podría hacer una mala selección. Todo lo hacía la muchacha por mí. Llegué a la situación de que salía de la casa una vez a la semana, me subía al coche de mi esposo e íbamos a la iglesia.

Después de la desaparición de su esposo, Cristina cayó en problemas financieros, le quitaron la casa y los seguros médicos para ella y sus dos hijos. Ahora trabaja en una tienda familiar e imparte clases de artes plásticas para jóvenes. En este difícil periodo de luchar para sobrevivir,  se descubrió muchos talentos antes ocultos. Desde hace un año estudia en una academia privada de bellas artes, gracias a una amiga que le pagó la inscripción. Cristina reconoce, que en su vida le ayuda mucho una fuerte fe en Dios, quien le envió a mucha gente buena. Ella misma irradia mucha energía y la comparte con los demás, motivándolos para pensar y actuar positivamente.

—Dicen que Iguala apesta a muerte. Todo aquí puede tener olor a muerte para nosotros. Pero para mí esta ciudad huele a esperanza, porque con toda su asquerosidad, crecen muchas flores. Ellas pueden abrirse bellamente en un lugar más lúgubre y destacan entre las demás plantas…— comenta Cristina.

Colectividad tras la desaparición de los 43 estudiantes

—Aún no nos conocemos, pero compartimos el mismo dolor— así se saludan los que vienen a la reunión del Comité de Familiares  de Víctimas de Desaparición Forzada “Los Otros Desaparecidos” en la Iglesia de San Gerardo en Iguala.

El Comité fue iniciado por uno de los líderes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero que, con las comunidades locales, crea la policía comunitaria para proteger a la ciudadanía de las agresiones por parte de los grupos de delincuencia organizada. Tras la desaparición en Iguala de los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa (26 de septiembre del 2014), se formó un grupo de búsqueda. Lo integraron las personas que sabían, que en Guerrero hay muchos más desaparecidos que los cuarenta y tres. Los miembros del Comité consideran, que la tragedia de los estudiantes desaparecidos y su repercusión global, incentivaron la búsqueda con la participación activa de las autoridades de México. Unos dicen que de esta manera el estado se limpia de la acusación de participar en el secuestro, formulada en el mundo entero. Otros ven una posibilidad de cambio y de una lucha eficiente contra la ilegalidad, que alcanzó su máxima expresión con el gobierno del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca. —Éste, por suerte, ya está tras las rejas—, dicen, —pero sus jefes de la mafia del narco y muchos otros que trabajaron con él, aún no— agregan preocupados.

La unión de las familias de Iguala es un logro importante en medio de la guerra de las mafias y, por ende, en medio de una sensación omnipresente de desconfianza entre la gente. Fuera del grupo, pocos tienen el valor de hablar sobre la desaparición de una persona cercana. No se confía en los vecinos, a veces no se enteran de la tragedia ni familiares distantes.

Esperanza en el ADN

En el marco de las acciones de búsqueda, se empezó a peinar los terrenos cercanos a Iguala y las expediciones a las colinas profusamente cubiertas de arbustos, atraían cada vez más familias. Los miembros del grupo visten camisetas uniformes con la inscripción “Hijo, hasta que no te entierre, te seguiré buscando”.

Los primeros descubrimientos de los cuerpos se dieron con la ayuda de un zapapico y una larga vara con la cual se sondeaba el suelo, normalmente duro; la pista la daba un olor peculiar. Cuando topaban con un cadáver, avisaban a la Procuraduría General, pues la exhumación sin permiso es ilegal en México. En esa situación, cuando los restos humanos se encuentran “casualmente” y la Procuraduría está enterada de ello, ésta tiene que ocuparse oficialmente de abrir la fosa clandestina. Los cuerpos encontrados son llevados al laboratorio, ahí se toman las muestras de ADN, que posteriormente se comparan con el ADN de los miembros de la familia. Anteriormente no existía el banco de ADN de los familiares de las víctimas, pues todos tenían miedo de someterse a las pruebas. La acción de recolecta de muestras se debe principalmente a la Ciencia Forense Ciudadana, una organización no-gubernamental en cooperación con la universidad británica de Durham. Es ésta quien hizo posible que se realizaran quinientas muestras gratuitas de ADN en Iguala. El Comité de Familiares explica sin embargo, que el banco de muestras de ADN tiene a su vez superiores a quienes no les puede convenir revelar demasiada información. Además le recriminan que las pruebas han estado incompletas y la procuraduría las tiene que volver a realizar.

Al Comité de “Los Otros Desaparecidos” se presentaron más de doscientas familias y las acciones de búsqueda dieron como resultado el descubrimiento de más de cien cadáveres. Hasta ahora se han identificado apenas unas cuantas personas. Sus parientes ya duermen más tranquilos, pues como dicen: —ya tienen dónde encender una vela y dejar una flor. No sienten más temor por ellos, no se preocupan si padecen hambre o son lastimados. Estos pensamientos acompañan a las familias que siguen buscando. Cada día despiertan con esta incertidumbre y con ella se duermen.

El semanario mexicano, Proceso, en su reporte titulado “El país de los desaparecidos”, cita las estadísticas oficiales, que indican que en el estado de Guerrero se dieron 590 desapariciones forzadas en los años 2007-2014. Agrega, que este dato no contempla a más de doscientas personas buscadas por las familias de “Los Otros Desaparecidos” de Iguala ni a centenares, o miles, de aquellos que por temor a las represalias no revelan las desapariciones a las autoridades locales. A escala nacional, el número de todos los casos de desapariciones llega a 23 mil personas, y según los cálculos, en los años 2013-2014 cada dos horas desaparece una persona en México.

En la Iglesia de San Gerardo en Iguala

Padre Óscar: —No me han sido ajenas las historias de desapariciones. Pero antes de la tragedia de los 43 estudiantes las personas temían revelar que tenían en su familia a un desaparecido. Este hecho a veces lo revelaban en la confesión o al pedir misa en la intención de un pariente. Entonces solicitaban un rezo no por su alma, sino por su vida…

El párroco de la iglesia de San Gerardo en Iguala, Oscar Mauricio Prudenciano, tuvo el primer contacto con los iniciadores del Comité de Familiares de “Los Otros Desaparecidos” en octubre de 2014. Le solicitaron entonces permiso para utilizar el espacio de la iglesia para realizar la toma de las pruebas de ADN de los familiares de los desaparecidos, puesto que la iglesia se vería como una sombrilla protectora ante el mal. Si anteriormente intentaban invitar a las familias al zócalo, la plaza principal de la ciudad, nadie se atrevía a presentarse.

El padre Oscar les facilitó la sala de conferencias en el sótano de la capilla y una gran barraca de ladrillo, en la cual posteriormente se instaló una cocina y un comedor. Con el tiempo el patio de la iglesia se convirtió en el lugar de reuniones públicas del Comité de los Familiares y el punto en el cual se rendían las declaraciones ante la Procuraduría General. También aquí está estacionado un camión acondicionado para brindar ayuda médica gratuita a las personas de mayor necesidad. Un apoyo adicional a las familias de los desaparecidos es ofrecido por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). Ésta brinda ayuda psicológica, otorga becas para educación y financia los gastos de viaje de los familiares que acuden a las reuniones. La Comisión visita Iguala periódicamente, aparentemente a causa del conflicto con las familias. Las personas que piden la devolución de 20 pesos por el gasto de transporte, hacían cola esperando dos horas para al final escuchar que “las verdaderas víctimas no necesitan dinero”. Sin embargo, tras meses de negociaciones del Comité de Familiares de “Los Otros Desaparecidos”, y tras, entre otras, la manifestación en la capital del país, la CEAV regresó a Iguala y sigue brindando a las familias la posibilidad de obtener ayuda.

No buscan a los culpables, sino a los desaparecidos

“Buscar, localizar y reunir cada una de esas ausencias que ansiosamente claman por el esperado retorno al hogar, sin importar los obstáculos siempre habrá una flor de esperanza al final del día que nos dice “sigue buscando… me habrás de encontrar”, porque no buscamos culpables, te buscamos a ti.” En su perfil de Facebook, titulado Te BUSCARÉ hasta ENCONTRARTE, se lee la frase “Unidos lo lograremos”.

En el Comité de Familiares “Los Otros Desaparecidos”, participan personas unidas por una tragedia similar. Juntos construyen los fundamentos de una sociedad ciudadana, que a pesar del régimen democrático, aún hace falta en México. Empezaron a crear una estructura de organización no-gubernamental para planear actividades, conseguir financiamiento y elaborar el registro de las desapariciones. Están abiertos a los periodistas, los invitan a sus reuniones y expediciones de búsqueda. Solicitan apoyo en las organizaciones que luchan por los derechos humanos, entre otros Amnistía Internacional, ante la cual varias decenas de familias presentaron declaraciones individuales sobre los casos de la desaparición forzada. También colaboran con demás organizaciones que buscan desaparecidos y que tienen mayor experiencia en este tipo de actividades, entre otros, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Asimismo formaron un grupo de discusión en la aplicación para teléfonos celulares, Whatsapp, en la cual diariamente casi cien personas comparten sus vivencias y angustias. Las personas se recomiendan mutuamente páginas de internet para las familias, se informan sobre el progreso de las actividades del Comité, colocan fotografías de las acciones de recuperación de cuerpos en las fosas. A veces comparten películas divertidas, así como citas de algunos pensadores y plegarias. Este chat cumple la función de una terapia grupal virtual, en la cual destaca una profunda religiosidad, expresada mediante la inquebrantable fe en la providencia divina.

Hogar, es el nido

Teresa: —Nuestra casa es más pequeña que antes, pues inmediatamente después del secuestro vendimos el cuarto de enfrente. Se transformó en una tienda. También nos deshicimos de la mayoría de los muebles y equipos que adquirimos trabajando antes en los Estados Unidos. Nos estábamos preparando para un eventual pago de rescate que podrían pedir los secuestradores. Pero ellos nunca llamaron. Mi hijo tenía quince años, cuando el 1 de julio de 2013, a las seis de la mañana se lo llevaron hombres armados. Hasta hoy día, no tenemos ninguna noticia sobre nuestro Gordito, así lo llamamos. Ese mismo día avisamos en la procuraduría local, después hablamos con el alcalde de la ciudad, al final fuimos a la Procuraduría General y a la Embajada de los Estados Unidos. Nuestro hijo tiene la ciudadanía norteamericana, pues nació allá, cuando vivíamos en California. Pero hasta ahora nadie nos ayudó. Todos aquí lo echamos mucho de menos. Nada es igual. Pero tenemos que seguir viviendo. Ahora los nietos me llenan el tiempo y ayudan a olvidar por un rato lo que sucedió. Me dan energía para vivir. Antes sentía un gran dolor en la garganta, casi no podía hablar, lloraba continuamente. Ahora ya me siento mejor. Cada martes viajo a San Gerardo a la reunión de familias. Mi hijo mayor desde hace algunos meses participa en la búsqueda diaria de personas en las colinas. Interrumpió sus estudios para buscar a su hermano. Aquí es muy difícil tener un trabajo. Gracias a Dios mi marido trabaja en la construcción y realiza muchos trabajos en la ciudad. No vivimos holgadamente, pero tampoco nos falta nada. Obviamente vivíamos mejor en los Estados Unidos, pero regresamos cuando se enfermó el padre de mi esposo y ayudábamos en su pequeña granja. Así ya nos quedamos aquí. Íbamos juntos a todos lados. Ahora los hijos poco a poco se van del nido. Una hija está embarazada y vive con su nueva pareja. Sus hijos del primer matrimonio viven ahora con nosotros. Mi otra hija vive sola en Estados Unidos. Mi hijo menor salió de Guerrero poco después del secuestro del Gordito y actualmente con su novia están esperando un hijo. Éste nacerá poco antes de la Navidad. El primer año ni siquiera nos percatamos de las fiestas de fin de año, pero el año pasado, por los nietos, decidí colgar los adornos en el jardín. Pero el veinticuatro de diciembre llovió y destruyó todo. Cuando el Gordito estaba con nosotros, decorábamos toda la casa con guirnaldas de colores.

—¿Qué significa un hogar para Usted?— pregunto.

—Para mí el hogar es un nido, al que siempre regresarán mi hijos y siempre los estaré esperando— contesta Teresa en voz baja.

El futuro es aquí y ahora

En las personas siempre nace la esperanza de un futuro mejor. Quieren construirlo para sus hijos, que por aquí son bastante numerosos. Una familia con dos hijos es rara en Guerrero. Tres hijos es un mínimo. Las madres crían no solamente a sus hijos, sino también a los hijos de sus hijos. Los nietos les dicen “mamá” y “papá”. Porque si una niña de trece años se embaraza, y su novio niega la paternidad o es un borracho, ella pide ayuda a sus padres y se queda con ellos. Si estudia y la situación económica de la familia lo permite, quien cuida del niño es la abuela, algunas veces una mujer de apenas treinta años de edad. Los vínculos familiares constituyen aquí una base y una fuerza para construir un futuro. Aunque la palabra “futuro” es principalmente una creación ilusoria. En el estado de Guerrero, casi tres cuartas partes de la población vive en pobreza, y ésta les enseñó a adaptarse a la difícil realidad a su propia manera. En estas condiciones no es fácil tomar una decisión meditada sobre la elección de un compañero de vida, ni de un trabajo. En consecuencia hay muchas madres solteras y muchos emigrantes ilegales que parten hacia los Estados Unidos. Además, una sociedad pobre y sin educación es un suelo fértil de cultivo para las actividades delincuenciales. Los cárteles dan trabajo, y si no lo dan, obligan a ello. De ahí que para las personas es importante el día de hoy, pues puede no haber mañana. Se vive de un día al otro, no se hacen muchos planes. Esto determina el estilo de vida. Si comer, comer mucho y con muchas calorías. Si amar, amar en cada ocasión que se preste. Si divertirse, es hasta el amanecer. Aquí y ahora. Y aceptar lo que trae la vida.

Dejó de llover. Una mañana más, un nuevo día soleado. Un gato calienta su cuerpo en un sillón tejido, el perro saluda moviendo la cola a los niños que se alistan para ir a la escuela. La mamá coloca bajo la plancha de la estufa las ramas secas recolectadas a las orillas del río cercano y pedazos de una caja de cartón. Prende fuego para preparar tortillas de maíz. Primero muele los granos, después amasa vigorosamente para obtener una masa homogénea y forma pequeñas bolitas. Las aplasta en una maquinita de metal, obteniendo un círculo casi perfectamente redondo. Con un gesto hábil las avienta a un comal caliente. Después por un rato las volteará para que no se peguen a la superficie. Las retira y apila sobre una servilleta blanca bordada con flores.

Una parte de los nombres de los protagonistas ha sido cambiada, por razones de seguridad.

“Flores en las colinas de Guerrero” es también en título del libro en el cual trabaja actualmente la autora.

Traducción polaco-español: Malgorzata Hadrys-Luna.

Revisión: Argelia González Cervantes.

Fotografías: Ela Chrzanowska y Mario Vergara.

Escucha:

https://soundcloud.com/masmusicamenosbalas/flores-guerrero

5 thoughts on “Flores en las colinas de Guerrero

  1. Certero retrato del terror por el cual están pasando estas personas y nos deja un claro mensaje que debemos buscar maneras propias de solución a nuestros problemas, organizándonos autogestivamente, al margen de las autoridades institucionales que han sido claramente rebasadas y anuladas por el crimen organizado.

  2. Somos la sociedad complice de todo lo qe se vive en Mexico, por qe ultimamente nos hemos vuelto sordos, ciegos y mudos; cuando algien pide auxilio estamos sordos, cuando vemos algun crimen nos volvemos ciegos y no vimos nada y cuando nos preguntan qe paso o qienes fueron estamos mudos; ayudanos a cambiar este pais, por qe si tu no haces algo por mejorara eres complice de todo lo qe esta pasando

  3. que lastima que el pueblo de guerrero se deje lastimar tanto por el unico fin de poder traficar con ese narcotico tan malo como lo es la goma de opio si el pueblo no permitiera eso no se formarian grupos delictivos como los rojos, los guerreros unidos y todos esos sicarios , ahora lo que deben hacer es permitir el acseso al ejercito mexicano para que terminen de raiz la unica fuente de los grupos sicarios como lo es los plantios de goma de opio.

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