El tango en Buenos Aires

Leonardo Rodríguez.

Se puede describir a Buenos Aires por sus paradojas: la misma administración estatal que organiza cada año el Festival Mundial de Tango y promociona a la ciudad para el turismo con una imagen de dos bailarines entrelazando sus piernas con el obelisco de fondo, es la que en los últimos meses clausuró las milongas Sin rumboSunderland, El Arranque, Club Atlético Fernández Fierro y Parakultural.

El tango recibió tantas puñaladas por la espalda, incluso de aquellos que lo ahogaban de tanto quererlo, que se lo dio por muerto más veces que a Fidel Castro. Sin embargo desde el año dos mil una nueva generación de músicos muy jóvenes se fue apropiando del acervo tanguero y se puso a trabajar ahí desde donde, al parecer, se había detenido la maquina.

Quizá la Orquesta Típica Fernández Fierro sea el buque insignia de esta generación. La plataforma de la Fierro se sostiene desde el lenguaje del tango y el formato de orquesta típica. Pero es una plataforma de despegue, no una pista de aterrizaje. Su línea de ataque son los cuatro bandoneones y su defensa melódica los cuatro violines. El contrabajo y el piano empujan como una locomotora. Sobre una base rítmica frenética y unos arreglos prudentes la orquesta hace camino a paso de cincel.

Los defensores de la ortodoxia definen a esta generación por lo que no es: Tango rock, fusión, tango rockero. Pero el tango del siglo XXI no le debe nada al rock aunque se haya criado entre acoples, aullidos y critica social. Tampoco espera a rendir examen ante la tradición del tango. Y no suena como aquel tango por el mismo motivo por el que un automóvil que se estrella contra otro en una calle de hoy, no suena de igual modo que uno chocando en los años 50.

“Creo que todos los grupos de la nueva generación de tango asume el formato de banda –grafica Hernán Cabrera, pianista y compositor de la Orquesta Típica Ciudad Baigón-. Porque sos músico, productor, programador, barman, road manager. Es una banda que en lugar de hacer rock hace tango y es la forma en que funcionamos los que hacemos tango nuevo”. La Típica Ciudad Baigón autogestiona el Teatro Orlando Goñi del mismo modo en que la Fierro lo hace con el Club Fernández Fierro o como el Quinteto negro La boca, que es un colectivo cultural que integra la Unión de Orquestas Típicas que impulsa el Festival de Tango Independiente.

El Quinteto negro publicó este año “Tangos libertarios”, un trabajo conjunto con el historiador Osvaldo Bayer (“La Patagonia rebelde”) dedicado a la historia del anarquismo en la Argentina. El resultado son doce canciones potentes, una lírica cargada de épica y coraje, un cruce de sentidos entre el tango y géneros compañeros de ruta como el rap (en la voz de Malena D’Alessio ex Actitud María Marta) o la murga en la voz de Andrés Vázquez (de los uruguayos Falta y resto).

El retrato porteño puede ser una lluvia de penurias sobre destinos de niebla, como en el caso de 34 puñaladas. “El disco ‘Bombay Buenos Aires’ representa nuestra visión tanguera de la ciudad”, cuenta Alejandro Guyot, el cantor de las puñaladas y se entusiasma: “Podemos agregarle a la historia del tango de la ciudad una hora de música, un concepto, una ciudad imaginaria fundada a partir de un disco. Teníamos que actualizar la mirada del tango sobre la ciudad. Ya no es la ciudad aldea, de los conventillos. En la tapa del disco hay edificios devorándose uno al otro. Termina siendo una metáfora de lo que quedó de la Buenos Aires post dictadura: con esas autopistas que no llevan a ninguna parte; de lo que quedo en el paisaje urbano del menemismo (Carlos Menem presidente de la década de los 90) a la cuidad machista (Mauricio Macri actual alcalde de Buenos Aires amigo de José María Azar); una actualización poética desde la música ¿Cómo no ser oscuro? Ya no es ‘Rinconcito arrabalero’ (‘Arrabal amargo’ Gardel-Le Pera) ni la de Eladia Blazquez ni Horacio Ferrer-Piazzola sino otra”.

No hay cifras oficiales pero se calcula que en Buenos Aires hay unas cien milongas (espacios para bailar tango). Para el dúo Pulice-De Vicenzo:

“El tango es la música de la ciudad. Si el tango tiene alguna chance es en la milonga –y continúan- Las milongas estuvieron clausuradas durante la dictadura así que los milongueros son rabiosamente antimilitares, porque les cerraron su espacio de felicidad. Es como que te prohíban el idioma y tu forma de expresarte. Y esto resurgió por el baile. Es un lugar donde te podes abrazar con alguien sin mediar palabra, hablás, bailás, la música es agradable, hay respeto a pesar de que a determinada hora hay tanta gente que se parece a viajar en subte a las seis de la tarde. Es imbatible. Al haber gente bailando en la ciudad comenzó a haber otros que se pusieron a componer tangos”.

El tango da una nueva batalla. Se había sobrepuesto al olvido, a la postal turística, y ahora tendrá que hacerlo a las clausuras.

Deja un comentario