El explorador (Introducción)

Gustavo Vila.

Vengan. Síganme. Me escape por un rato. Ya no tengo permitido escribir. No es que esté preso o sea esclavo, es mi elección, porque es fascinante el mundo de quien me tiene cautivo, y escribir me saca. No he podido con mi genio y por eso aquí estoy. Aprovechen esto, quizá duro poco…

Yo vivo entre locos. Todo esto parece una locura. Terapia Gestalt, terapia de grupo, terapia de constelación, psicoterapia… A mí me gusta. Sí, no lo niego, y sí, también a veces que me aburre un poco, pero nadie tiene la culpa… Es como todo, si ves siempre lo mismo se te hace tedioso. Y yo veo locos por todos lados, a cada paso, en el metro, en el trabajo, cuando me relaciono, entre mis amigos, familiares, y donde más los veo, por supuesto es en las terapias… ahí está lleno de locos. Pero son más divertidos.

Le pido entonces que quemen estas palabras, el libro, la carta, el mail o como sea que te llegue esto,  y todo lo mío que puedan haber investigado. No existo. No me destapen, no me exhiban ni hablen de mí, mucho menos lo den a leer a otros.

Ahora voy a dejarlo… un “ser”, llamado “la casera”… anda tras mis pasos por unos míseros setecientos pesos… Muy buenos, claro, y suyos, por cierto. Se los voy a depositar para que no venga. Si me ve se pierde todo el encanto.

A los que decidan seguirme les digo esto: el mundo es más divertido de lo que creen… Así que ya no crean eso que creen, porque esa creencia es locura, y la locura no divierte, aburre.

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