El Asimilador

Gustavo Vila.

Las múltiples luces del laboratorio proveían de dignidad aparente a cada objeto del salón, un lugar en el que parecían no penetrar las sombras por ningún lado. En medio, una mesa circular de aspecto recoso. Sobre ella, un cuerpo oval de finos hilos metálicos que proyectaba imágenes tridimensionales. Éramos cinco personas, cómodamente sentadas en sillones reclinables. Rodeábamos la imagen transmitida.

– Son imágenes de archivo de la C.C.I. –comenzó diciendo Boris, momentos después de que se puso de pie, al apagarse el artefacto-, por lo que les pido absoluta confidencialidad. Desde hace más de medio siglo los poderes se unieron para la formación del sistema actual, y desde entonces se perfeccionó un sistema al que llamaron P.S.C., psico-socio-culturización –aclaró-, una herramienta que estudia y rectifica las proyecciones sociales, según sus criterios y evaluaciones.

Hizo una pausa y nos miró. Mientras la sorpresa de nuestros rostros se transformaba en atención, entregó uno por uno, una láminas ópticas con el informe caratulado: “Confidencial -2017 – 2051 – EDUCACION”.

– Esto amplía la información sobre los procesos y métodos de control de masas –dijo, al tiempo que tomó asiento. – Maximiliano pasará a explicarles el proyecto.

 Señaló hacia el sujeto oriental, con un cambio en la dirección de su mirada.

– Comenzaré por la información general –decretó el extraño-, luego veremos los detalles técnicos.

De pie, tal vez su redondez diera la impresión de un hombre de baja estatura, aunque el porte revelaba la fortaleza. Su calvicie, sin duda lograba ese efecto, junto con uno bigotes y barba cana, al estilo del chivo alpino.

– Hicimos estudios y podemos decir con certeza, que los cinco somos magnética y químicamente compatibles. Tenemos que forzar la curva de la conciencia global, a partir de nosotros. Además, tenemos convicciones similares y caracteres afines, lo que nos permitirá funcionar como un equipo.

Mientras hablaba oprimió un sensor que hizo surgir en la mesa varios cilindros. Dejaron de moverse a la altura de nuestros rostros, en donde finalmente quedaron suspendidos.

– Estas son baterías, capaces de almacenar conciencia –explicó-, nosotros acumularemos la energía que no se usa mientras dormimos, a través de lentes especiales, creados para este proyecto. Así, asimilaremos el poder magnético que sirve únicamente al conocimiento –concluyó.

Luego lentamente dirigió sus pasos hacia el amplio ventanal que mostraba afuera una noche oscura, apenas estrellada.

–Mucha gente nos necesita… -murmuró, hablando consigo mismo.

Hizo unos instantes de silencio que me parecieron eternos.

Giró sobre su eje y continuó.

– Así es que, utilizaremos la conciencia que recuperamos en las noches, y cada batería cargada, mediante un proceso parecido a la destilación, nos proveerá de una energía potenciada para mejorar nuestros dones telepáticos. El resultado será cien veces mayor al que teníamos.

– Haremos una prueba por siete días, antes de pasar al siguiente nivel. Nuestro conejillo de indias será Oscar. ¿Están de acuerdo?
– Sí, sí, sí… – Dijeron todos.

Yo no lo estaba. Todos sabían eso. Y nadie me lo preguntó. Miré a Boris. Estaba serio. Luego volteé la vista a Maximiliano. Frío. No tenía ninguna opción.

  • De acuerdo –respondí yo.