Estamos atrapados, me siento atrapada… ¿Y si nos liberamos?

América Nicte-Ha.

Siempre que me toca dar una ponencia o escribir sobre la situación por la que atraviesa México -si el enfoque me lo permite- trato de contarlo desde mi experiencia, obviamente con datos y fuentes oficiales. Me gusta hacerlo de esta manera, porque creo que es el canal más adecuado para lograr conectar a las personas con la realidad y sentir social que deseo transmitir. Este artículo lo he dividido en cinco apartados. A cada uno le corresponde una etapa del proceso que en estos momentos estamos viviendo tanto colectivamente como individualmente. El primer apartado lo he bautizado como la negación -probablemente pensarán que voy a escribir sobre psicología o técnicas de motivación – de una realidad.

A pesar de que viví en carne propia el año que ha sido registrado como el más violento en Acapulco -el 2010-, a pesar de que fui testigo de la emergencia de diversos movimientos sociales -en las zonas rurales y en las ciudades- contra la opresión y represión del cacicazgo guerrerense, a pesar de que tengo un tío que sufrió desaparición forzada durante la famosa guerra sucia, y a pesar del asesinato de uno de mis amigos de la infancia por parte de los que ostentaban el poder cuando la izquierda ganó las elecciones en Guerrero 1999, hasta hace un par de años, me negaba a aceptar que mi país y mi estado, estaban atravesando por un momento de convulsión.

LA NEGACIÓN.

Tal vez este último detalle –el asesinato de mi amigo Pavel- en lugar de mantenerme en el contexto de lucha social en el que había crecido, me condujo hacia la negación y la apatía. En aquella época tenía 16 años y comenzaba a  hacer mis pininos en la redacción de textos. El día posterior al asesinato de Pavel, escribí una carta de protesta y condena en el periódico guerrerense El Sur, esa carta, fue el último texto que escribí. Mientras tanto, contuve mi rabia e indignación por medio del bloqueo de mi conciencia social. Me quería olvidar de todo y hacer como si no pasara nada. Ergo, cuando la violencia en México comenzó a palparse, a ser cada vez más visible, y mis amigxs y/o conocidxs extranjeros me cuestionaban sobre dicha situación, yo sostenía -como nuestro gobierno afirma pomposamente ahora-, que efectivamente existía violencia, pero en zonas específicas, al margen de la vida cotidiana de los mexicanxs. Vaya, se podría decir que repetía la tan famosa frase, “es un hecho aislado”.

Así pues, como afirma el sociólogo Alexander Naime Sánches-Henkel en su artículo El show de las elecciones, “a veces las realidades más obvias e importantes son las más difíciles de ver y expresar”. Yo agregaría, de aceptar y asimilar. Para rematar, cito al escritor y activista Javier Sicilia, quien en su artículo El miedo a no votar, afirma que aceptar la realidad de nuestro país es doloroso, pero es la única manera de rehacerlo. Dicho lo cual, puedo afirmar que antes del 26 de Septiembre de 2014, había mexicanxs que negaban nuestra realidad. Sin embargo, después de esta fecha, la tendencia comenzó a cambiar.

EL DESPERTAR… ME SIENTO ATRAPADA.

Desde hace un par de semanas, mi mente ha estado asimilando y conectando todos los eventos sociopolíticos que han sucedido en México, específicamente a partir del 26 de Septiembre de 2014, fecha que sin duda ha quedado plasmada como un parteaguas en la historia contemporánea de México, pues la desaparición forzada de 43 estudiantes, el asesinato de seis personas -3 de ellos estudiantes- y los 27 heridos, que resultaron como saldo de esa fatídica noche, exacerbó el hartazgo y cansancio de un gran número de mexicanxs.

Previo al 26 de Septiembre del 2014, algunxs no tenían ni idea de lo que pasaba en el país, pero a partir de ahí, comenzaron a informarse y a seguir las noticias. Otrxs, inmersxs completamente en la lucha y activismo social desde tiempo atrás, vieron por fin la coyuntura ideal para lograr incidir en la conciencia social colectiva, y otrxs, estancadxs en la negación -como lo estaba yo-, nos quitamos la venda de los ojos y decidimos enfrentar la realidad. Tuvieron que pasar 14 años, y el desafortunado crimen de Iguala, para que volviera a tomar la pluma y me pusiera a escribir. Mi consciencia social había despertado nuevamente. Así pues, conforme ha ido pasando el tiempo y las noticias sobre corrupción, conflicto de intereses, clientelismo, abuso de poder, impunidad y violencia -léase asesinatos, secuestros, tortura, violaciones a los Derechos Humanos, feminicidios, etc.- aparecen en la prensa y medios alternativos, más mexicanxs se van uniendo, se van organizando, se van solidarizando.

He de mencionar que aún existe un porcentaje que está engullido en las garras del sistema. Unxs cuantxs viven aletargadxs con las -famosas o ya no tan famosas- telenovelas mexicanas, otrxs viven tan inmersxs en la pobreza -71 millones-, que su única preocupación es tener un bocado que llevarse a la boca, y por último, existe un importante porcentaje de nuestra clase media, que es presa de un ambiente clasista, racista e individualista, pues solo se preocupan por velar sus intereses y defender su bienestar.

Debido a que no puedo emitir opinión o expresar el sentir de otras personas, deseo transmitir, por medio de este texto, la sensación de sentirme atrapada. Sí, me siento atrapada en este sistema. Ya que al mismo tiempo que lo rechazo, lo condeno y lo critico -consciente o inconscientemente, me guste o no me guste-, formo parte de él, y no solo eso, también contribuyo a su funcionamiento. Empero, considero que este despertar, combinado con la organización nacional e internacional –fruto de este despertar ciudadano- que se está tejiendo en estos momentos, es la llave que nos permitirá abrir la puerta de la libertad.

LA ORGANIZACIÓN.

La primera muestra de organización se reflejó con las manifestaciones. El país entero y distintas ciudades extranjeras se volcaron a las calles. Hasta ahora -7 meses después- la gente aún sigue saliendo. El activismo en las redes sociales incrementó, se comenzaron a coordinar acciones globales – como la toma de fotografías con un tema en específico de protesta, que posteriormente se vuelven virales en las redes-, se han creado asociaciones, plataformas o colectivos para llevar a cabo actividades que proporcionen información, creen sensibilidad y consciencia social, se han organizado eventos y actividaes –desde bordar servilletas, pasando por la venta de comida, hasta finalizar con la organización de fiestas- con el fin de recaudar fondos para sufragar los gastos del movimiento, y también se ha expresado el descontento social por medio de las artes, al componer y cantar canciones, escribir y recitar poemas, ejecutar pinturas de los  normalistas, o realizar conciertos.

Tengo que mencionar, por supuesto, a la Organización Padres de Familia de Ayotzinapa, gestada inmediatamente después del 26 de Septiembre, con el objetivo de buscar y demandar la presentación con vida de sus hijos. Hacía mucho tiempo -tal vez desde el caso de la guardería ABC-, que  padres y familiares no se unían ni organizaban en respuesta a la incipiente, contradictoria o nula respuesta del Estado. Muchos se estarán preguntando, ¿y que tiene esto de magnifico? A diferencia de las madres que buscaban a sus hijxs desaparecidxs en la guerra sucia o a los padres de los chiquitxs de la guardería ABC, esta vez la petición y exigencia de justicia de este grupo de padres está siendo escuchada y respaldada no solo por la sociedad civil, sino también por la sociedad civil internacional y por Organismos Internacionales como la Unión Europea –Parlamento-, Amnistía Internacional, La Comisión Interamericana de Derechos Humanos o la Organización de las Naciones Unidas. A nivel nacional, el movimiento tiene el acompañamiento y asesoramiento centros de defensa de Derechos Humanos como Tlachinollan y el Centro Regional José María Morelos y Pavón, la plataforma de solidaridad con Ayotzinapa -compuesta por 53 ONGs-, y la red de académicos por Ayotzinapa –la cual, tengo que mencionar, no ha logrado consolidarse-.

Para ejemplificar a que nivel se está expresando la solidaridad y organización, quiero hacer mención de la comitiva -dos padres de familia y un activista en Derechos Humanos- que acudió a Ginebra, Suiza, para estar presentes en la sesión del Comité sobre Desapariciones Forzadas de la ONU. Otro ejemplo, son las caravanas 43 que se están realizando por países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Uruguay, Argentina, y 12 países de Europa.

Un movimiento social que ha traspasado fronteras y que nos esta mostrado el lado humano, solidario y comunal del ser humano -pues todos estos viajes se están sufragando por donaciones y colectas de la sociedad civil-, nunca lo habíamos visto en México. Empero, esto no le gusta al Estado y por tanto, puede recurrir a diversos mecanismos de desarticulación.

LA DESARTICULACIÓN.

El 16 de Noviembre de 2014, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos escribió un artículo en La Jornada titulado Carta a los y las jóvenes de México, del que resalto tres cosas: Creación de zonas autónomas, creación de un partido-movimiento como medio para enfrentar al poder político, y no tener miedo. Tengo que admitir que en aquel Noviembre, estaba convencida de que esa era la respuesta. Desgraciadamente -a pesar de tener las ganas, voluntad y deseo del tan famoso, anhelado y mencionado cambio-, con el paso de los meses, las experiencias de activismo, horas interminables de lecturas, y diversas charlas –que llegaban a convertirse en debates-, llegué a un estado de análisis que me hizo ver que la creación de un nuevo partido político, no es el remedio adecuado para nuestra enfermedad.

Para comenzar, es imperante tener presente que el sistema, del que formamos parte, es lo que no funciona, está podrido ergo, la realidad es que llegue quien llegue, nada va a cambiar. Se escuchará la voz de quien tenga los conectes con el poder, quien pacte, quien le entre a las negociaciones, quien tenga dinero. Para terminar, el sistema -con tal de no perder poder en cualquier proporción-, va a encontrar los medios para cooptar, desarticular, difamar y encapsular, cualquier intento de cambio o alternancia. No obstante, sigo estando de acuerdo con el Doctor De Sousa Santos en dos puntos: No tener miedo y la creación de zonas autónomas.

Ustedes se preguntarán –retomando el punto de la cooptación- ¿cuáles son los mecanismos del sistema para frenar la emergencia social? La respuesta es, Poder y Dinero. Un puesto en alguna dependencia de gobierno, un curul en la cámara de diputados o senadores, una mochada, algún conflicto de interés, o la exención del pago de impuestos. Y no es nada más que el activista se rinda ante la tentación del poder y el dinero, cuando estos mecanismos no dan resultado, el Estado echa mano de sus recursos más efectivos, que dicho sea de paso ha implementado históricamente en México; la cárcel, la persecución, el hostigamiento, la desaparición forzada y por supuesto, la muerte.

El más claro ejemplo de compra y cooptación de un activista, es el caso de Antonio Attolini -ex vocero de Yosoy132- quien cayó rendido a los pies del sistema, deslumbrado por la fama mediática -al conducir un programa de televisa y escribir en una columna del periódico El Universal-, por el poder -al contender por una diputación plurinominal, que afortunadamente no logró-,y trabajar para el Senador perredista Zóe Robledo Aburto-, y por el dinero, fruto de su remuneración por su trabajo en la televisora, el periódico y el senado de la república.

Un ejemplo que muestra la mezcla del nacimiento de un partido político -Movimiento Ciudadano- gestado por ciudadanos y la corrupción derivada del poder. El actor, comediante y crítico del sistema Héctor Suárez, en un principio creía, defendía y promovía dicho proyecto. Desgraciadamente, el presidente de dicho partido –ni tarde ni perezoso- ya está envuelto en un escándalo de corrupción. Decepcionado y frustrado, Suárez expresa en un vídeo de título Don Justo Verdad presenta a Héctor Suárez -que pueden encontrar en You Tube-, su desencanto con el partido, y asegura que se unió al proyecto, porque necesitaba -cito textualmente- “encontrar algo, alguna salida, alguna esperanza (…) [y añade] “otra de las cosas que me entusiasmaron, era el hecho de que ahí pactaron que no permitirían que se filtraran políticos ladrones”. Esto, es un claro ejemplo de que por más buena voluntad que haya, por más pactos que acuerden, por más ganas que se tenga de hacer el bien,  el poder y el sistema vencen, cooptan, desarticulan. El actor finaliza su vídeo haciendo un llamado a la organización y solidaridad autónoma, sin ningún partido, y con esta frase: “Yo no puedo solo, ayúdenme”.

Así pues, votar es un medio que legitima al sistema que nos tiene atrapados y sumidos en el miedo, en la violencia, en el terror. Sí, soy de las que está a favor de no votar. Tampoco creo en que la ciudadanía ocupe los espacios públicos y la toma de decisiones, por medio de un solo representante, pues es casi seguro que una vez que ese representante forme parte del sistema -del que alguna vez se quejó-, termine comprado, cooptado, corrompido. Y si no termina así, no lo dejarán avanzar, pues la mayoría es la que manda. Es pues, un círculo vicioso del que nos tenemos que liberar.

ESTAMOS ATRAPADOS… ¿Y SI NOS LIBERAMOS?

¿Cómo podríamos recuperar nuestra libertad? Considero que todas las formas de organización que se están llevando acabo, tendrían que ir acompañadas de una movilización y organización social  autónoma, libre de toda institución perteneciente al sistema, que los ciudadanos ocupen los espacios públicos sin representante alguno -¿quiénes somos para decirle a otra persona lo que tiene que hacer, lo que le beneficia o lo que es mejor?-, que se organicen en comunidad, que las decisiones sean tomadas y ejercidas por todxs. Y por supuesto -como aconseja el Doctor Boaventura de Sousa Santos-, que pierdan el miedo.

En México hay comunidades que ya han perdido el miedo. Cherán -quienes acaban de cumplir cuatro años de autonomía-, Urapicho y Santa Cruz Tanaco -que se acaban de unir recientemente a esta forma de autogobierno- en Michoacán, y por supuesto, las comunidades del EZLN en Chiapas -quienes desde hace 21 años nos han estado mostrando el camino a seguir y hasta el momento, seguimos sin escucharlos-, son nuestro ejemplo. Estas comunidades nos están demostrando que se puede sobrevivir, aunque con dificultades, con este modo de organización. Claro, esto implicaría renunciar a todas nuestras comodidades, a someternos a un cambio radical y sobre todo, además de perder el miedo, implicaría que estemos totalmente decididos, pues como decía el político -y luego revolucionario- chino Mao Tse-tung, “las guerras populares se ganan con pueblos decididos, no con armas.

Marcha en el aniversario de 4 años de autonomía de Cherán. Foto: Subversiones.org

Estar consciente de la realidad es el primer paso, perder el miedo es el segundo. Y en estos momentos, me encuentro reuniendo la determinación y el compromiso suficiente para cumplir con el tercer y último paso; sumarme a las filas de las comunidades que ya se autogobiernan, mientras vamos gestando este proceso a nivel nacional, si algún día llega. Por lo pronto, mientras el actual sistema colapsa y lxs mexicanxs reunimos la suficiente determinación para auto gestar nuestro modus vivendi, estoy consciente de que tengo que vivir y ser parte de este sistema. La mejor aportación, respecto a la situación que estamos viviendo, que hasta el momento puedo ofrecerle a mis paisanos y a todxs aquellxs que me leen, es aceptar y asimilar –lo que muchos años negué- nuestra realidad, y transmitirles este sentimiento por medio de este texto.

Quiero finalizar lanzando las siguientes reflexiones: ¿tenemos que llegar a un estadio de descomposición total como al que llegaron Cherán, Urapicho y Santa Cruz Tanaco para decirle sí a la autonomía? o de lo contrario, ¿estamos a tiempo de revertir la situación? Es decir, en este preciso momento, con el movimiento de organización y solidaridad que se está gestando en México, ¿podremos aprovecharlo y darle un revés a la situación?…

El príncipe Nicolás Maquiavelo, decía que “no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden”… Entonces, ¿y si nos liberamos?

4 thoughts on “Estamos atrapados, me siento atrapada… ¿Y si nos liberamos?

  1. Mario, antes que nada, disculpa por la tardanza en responder. Agradezco que haya invertido tiempo en leer el artículo. 🙂 🙂
    Pd. Ya te escribí.

  2. Discrepo del corolario al que ha llegado la autora, pero comparto algunas premisas. Discrepo porque no creo que la autonomía sea la solución a la descomposición del país y sus instituciones. Al contrario creo que es una huida hacia adelante, una renuncia a cambiar y formular alternativas viables para el país en su conjunto.

    Las propuestas a problemas locales no pueden llenar el vacío que ha dejado la ausencia de un proyecto nacional. La fragmentación del territorio en cantones autónomos es inviable como inviable son las alternativas propuestas hasta ahora.

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