Amor Revolución

 Iraís Musique.

 Esta es la carta que te prometí un día, la que escribiría en medio de la zona de guerra.

No fue necesario ésta vez salir de la ciudad, aquí la vida se gana, se pierde y se batalla en cada lugar.

Michel, yo sólo quería decirte que me gustas, pero no como se gustan todos, para lo que se gustan todos. No.

Me gustas para estar presente cuando nuestro movimiento triunfe, me gustas para tomar las calles contigo, me gustas para verte luchar, y me gustas también para las noches de frío. Me gusta ver tus lágrimas por el mundo, me gusta verte bailar, me gustas para escucharte y me gustas para que me des las noticias, para que me des los buenos días y las buenas noches, me gustas para soñarme y soñarte, para que me des los besos que a mí me faltó darte.

Pero ahora la circunstancia es difícil, por no decir jodida. Estamos en medio de la batalla, así que ámame ahora, rápido ¡Arráncame lo que traigo encima! Por ése espacio en que no estás, por ése tiempo que nos falta. Ámame como si vinieras del pasado en el que no estuviste, y del futuro en el que estarás… Ámame, tómame ahora. Éste es nuestro tiempo. Quizá nunca aspiremos a más.

La pelea contra el tiempo la aprendí bien aquél día en la normal de Ayotzinapa. Ese día, me diste la mayor lección de amor de toda mi vida.

Acostados por fin, después del enfrentamiento, tocabas suavemente mi mano y mi cabello, mientras introducías en mis labios la esperanza con tu lengua dulce y tibia. Jamás sabrás lo que para mí significó ese beso.

Me besaste y con tus labios me regresaste la esperanza y los sueños de un mundo que ahora sé que sí es posible. Sonreíste, y en tus labios vi la silueta del triunfo, la silueta de la luna nueva cuando con ella llega la renovación, y luce de tal manera que parece que ha olvidado que hace unos días, injustamente la dejaron hecha pedazos.

Hoy quisiera tenerte aquí para hacerte sabrá dios qué cosas, y conquistar en ti el deseo de nuestra piel. Verte como aquél día que estuvimos presos: tan fuerte, tan natural, tan desnudo de miedo, tan dispuesto a dar la vida a cambio de no cambiar de opinión. Jamás te dije cuánto agradecía tenerte ahí conmigo, en medio del campo de la rebeldía, entregándote a la lucha y entregándote a mí al mismo tiempo. Jamás te dije la dicha que fue salir de ahí caminando de tu mano, la dicha del sabor a libertad, sabor que por cierto, era mejor entre tus labios.

No pretendo yo aburrirle con mis letanías de amor, compañero. Yo sólo quería que usted supiera que desde el día en que me dejó temblando, no he parado de hacerlo, y que usted con su sonrisa es quien me acompaña en mis tantas noches de desvelo.

Déjeme decirle, compañero guerrillero, que tiene usted en los ojos la esperanza, la lealtad y la fe más grande que yo haya visto en este planeta. Que su silueta en sí, es una obra de arte de quien inventó la libertad y la justicia, pero luce más hermosa cuando camina hacia la lucha, cuando corre por la tierra que es tan suya como mía, y sin embargo, quieren arrebatarnos; que usted y su necedad son fascinantes, y han robado mi cordura y un poco de mis ya pocas buenas costumbres, y han hecho de mí una observadora del horizonte, que a nada aspira sino a poder tocarlo con sus manos y mis manos, porque en todos los paisajes y rincones de la tierra, nada más hermoso he visto que la convicción de usted…

Tengo que decirle, compañero, que usted es a mí como es al zapatista la esperanza, y como al pobre el consuelo, y que, en su otra lucha, los besos que usted da, son lo más cercano que conozco al cielo. Que dentro del cuerpo mío, vibra la esperanza, y vibra usted también, que sufro lo insufrible por saber que usted no me necesita, y que sueño con el día en que le vuelva a ver. Usted no sabe la multitud de sentimientos que en mí se manifiestan en reproche de su ausencia.

¡Ah! ¡Cuánto daría por convencerte de lo que siento, por confundir nuestras tierras y nuestros cielos, por llegarte a ti como tú llegaste en mi cuerpo! ¡Cuánto daría porque entre tú y yo fuera sólo la injusticia el enemigo a vencer!

Pero no. Esta lucha no es nada comparada a la lucha por enamorarte, por invadir tus miedos al olvido, porque un día tú sientas lo mismo conmigo, avanzar hasta que ambos nos rindamos más allá de la pasión, y decirte con mis besos mil discursos al oído, y entre tantos ajetreos, renunciar a la razón.

Ya casi amanece, y pronto he de retirarme, me despido no sin antes decirte que si el gobierno no me desaparece antes, aquí estaré esperando por ti… Tú que decías que no podía llover sobre mojado, lloviste sobre mí, yo, que ya era río por tu mar inundado.

Pd1. Dejo aquí la postdata que te escribí cuando aún no te encontraba, soñando con un día entregarla en una carta de amor.

Pd2: “Has sido siempre, y eres parte de esta pequeña revolución mía. Compañero guerrillero, éste país nos necesita unidos; nuestras generaciones venideras lo agradecerán. Mientras permanezcamos juntos, seremos fuertes y ninguna fuerza nos separará, nada nos vencerá. Compañero guerrillero, no sueltes mi mano, que es tu apoyo, que yo no soltaré mi apoyo, que es tu amor.”

*Imagen tomada del video For Those, de Lengualerta. Dirección: Gran OM/Fotografía: Mario Gallegos.