Mural en honor a Nelson Mandela. Universidad de los Pueblos del Sur (UNISUR), Cuajinicuilapa, Guerrero.

Pedacitos de África: La Costa Chica de Guerrero

A todos aquellos que involuntariamente fueron traídos de África a América y se quedaron para nunca volver.

América Nicte-Ha.

 

EL PASADO PARA ENTENDER EL PRESENTE.

La identidad mexicana se configuró después de la independencia de España, durante la construcción del Estado-Nación, como mestiza es decir, el mexicano es el producto de la mezcla del español con el indígena. ¿Recuerdan los textos de historia en los que nos repetían hasta el cansancio que el mexicano es mestizo?, ¿recuerdan a la patria, esa mujer morena “clara”, es decir, mestiza, enfundada en una túnica blanca, algunas veces representada sosteniendo un libro en una mano, mientras en la otra sostenía una bandera mexicana, y otras veces era acompañada de un niño, mestizo, por supuesto, también sosteniendo una bandera?

Pues bien, los constructores de la nación o de la identidad mexicana, los grandes pensadores liberales y positivistas, como José Vasconcelos o Carlos María de Bustamante, influenciados por la corriente liberal (homogeneidad, sin tomar en cuenta diferencias culturales, e igualdad) y el racismo científico de inicios del siglo XX, exaltaron lo europeo como sinónimo de superioridad, desarrollo y progreso, olvidaron, negaron y rechazaron a lo africano y lo asiático, pues significaba violencia, inferioridad, atraso e ignorancia, y utilizaron a lo indígena para tener una base histórica y una fuente de orgullo del pasado prehispánico.

El resultado fue una nación compleja y contradictoria, pues dos de las raíces culturales, neurálgicas en nuestra configuración, inmensamente ricas en usos, costumbres y tradiciones, con una gran sabiduría y dueñas de cosmovisiones ancestrales, son en la práctica, utilizadas para rechazar, denigrar y  negar. ¿Quién no ha usado negro o indio para insultar a una persona o como sinónimo de inferioridad, atraso, ignorancia o violencia?, mientras que por otro lado, hacemos el mejor esfuerzo por dejar en alto nuestros vínculos y herencia europea…

Así pues, el mexicano promedio quiere ser blanco, de raíz y herencia europea, a pesar de que la Nueva España y después el México independiente, también fueron levantados, construidos y moldeados con capital humano, dinámicas sociales y elementos culturales africanos. El legado africano está impregnado en nuestra gastronomía, en nuestras tradiciones, en nuestra música, en nuestros bailes, en nuestras danzas, en nuestros cantos, en nuestro color de piel e incluso, en nuestro lenguaje y en los modismos que utilizamos.

 

Los descendientes de africanos están en todo México. Sin embargo, hay cuatro estados en los que sobresalen por sus rasgos fenotípicos y su herencia cultural. Oaxaca, la Costa Chica, Guerrero, la Costa Chica y en menos porcentaje la Costa Grande y Acapulco, Veracruz, y Coahuila. Así pues, estas líneas van dedicadas a resaltar la gran riqueza de elementos culturales africanos de la que somos herederos los mexicanos, tomando el caso específico  de la región de la Costa Chica de Guerrero. También quiero compartir el proceso de (re) conocimiento, asimilación y apropiación identitaria que experimenté respecto a mi descendencia africana, pues puede ser guía o un punto de apoyo para otros mexicanos y guerrerenses que en estos momentos están pasando, o que en un futuro probablemente pasarán, por el mismo proceso.

EL PROCESO.

 

Mi segundo hogar está situado en un hermoso pueblo de la Costa Chica guerrerense al que he clasificado como mi propio Macondo. Pues bien, recuerdo que durante mis trayectos del pueblo a la ciudad, veía cómo íbamos dejando atrás palmeras cargadas de cocos, árboles repletos de mangos, Jamaica secándose con los rayos del sol, y la cecina colgada en estructuras de madera en los puestos de los mercadillos situados en la orilla de la carretera, para darle paso a la siempre descuidada y maltratada autopista del sol, con sus espectaculares anuncios promocionando los hoteles “más chic”, los restaurantes “más gourmet” o los centros nocturnos “más in”, de la que alguna vez fue considerada la ciudad que nunca dormía, junto con imágenes de la que también alguna vez fue considerada la bahía más hermosa del mundo. Lo que quiero transmitir, es que durante ese breve trayecto, dos horas, se puede palpar un drástico cambio en el ambiente social y el panorama visual y territorial.

 

El cuestionamiento sobre estas diferencias y contrastes culturales comenzó un día en el que tuve que regresar a Acapulco, en plenas vacaciones decembrinas del año 1999, para atender una reunión. A las dos de la tarde me había dado un festín al degustar un estupendo plato de frijoles hervidos en una olla de barro sazonados con epazote, mezclados con arroz blanco y acompañados con una jugosa cecina, queso fresco y chiles en vinagre. Lo había acompañado con un fresco vaso de chilate, mientras en el fondo escuchaba un repertorio de chilenas, acompañado del bullicio que hacían mis primas mientras zapateaban al ritmo de sus compases y recitaban versos que rimaban con  cada estrofa. A las seis de la tarde de ese mismo día, estaba llegando a un conocido restaurante ubicado en la Costera Miguel Alemán, para atender al llamado de la reunión. Bebí café americano acompañado de un muffin de chocolate, con música pop en inglés de fondo, y mis amigos adolescentes haciendo su mejor esfuerzo para hablar con acento fresa. En esos ayeres, ir a esa plaza, aunque no hubiera nada interesante y solo estuvieras parado en la puerta sin hacer nada, era lo más “chic e in” del momento. Ese día, me encontré situada en  el medio de esos dos mundos, sin saber a cuál pertenecía.

Cuando regresé al pueblo le expresé a uno de mis tíos lo que me estaba pasando. Haciendo gala de la tradición oral africana, comenzó a narrarme la historia de la bisabuela Estefanía Dimayuga Bracamontes, descendiente de africanos y filipinos que llegaron a Acapulco y a las costas guerrerenses durante en el periodo colonial. Durante un par de meses la imagen que me rondaba en la cabeza de la bis abuela Estefanía, sentada en los corredores de su casa en Copala, vestida con grandes y coloridas enaguas, mientras se fumaba un puro, no se me podía esfumar de la cabeza. Por tanto, me di a la tarea de comenzar a descubrir una parte de mí que había estado latente, pero no consciente, pues nunca había cuestionado el color de mi piel, mi cabello rizado o la respuesta automática de mis pies, por zapatear, o mi cuerpo, por bailar, al ritmo de cualquier tambora y percusión. Siempre me había identificado como una mexicana mestiza, tal cual me habían dictado en la escuela, era pues, hora de romper con esa construcción, con esa invención, con ese dictado oficial del Estado mexicano.

PEDACITOS DE ÁFRICA EN LA COSTA CHICA DE GUERRERO.

“Todo pueblo que se niega a sí mismo, está en trance de suicidio”.

Luz María Martínez Montiel.

¿Quiénes son mis antepasados?, ¿Cómo y por qué llegaron?, ¿De dónde venían?, fueron la primeras preguntas que me formulé. Mis largas horas de lecturas y búsqueda de información me permitieron identificar, de manera resumida, que los primeros africanos que llegaron, al aún territorio del imperio azteca, principalmente en calidad de esclavos, acompañando a las expediciones de los exploradores españoles, que iban en búsqueda de tierras, riquezas y títulos nobiliarios a los que no podían acceder en España, pues provenían mayoritariamente de los sectores más pobres y marginados de Extremadura.

 

Posteriormente participaron durante el proceso de conquista desempeñándose como sirvientes, auxiliares, acompañantes e incluso, como soldados o mediadores entre españoles e indígenas. Una vez terminado el periodo de exploración, conquista y colonización, los españoles necesitaron mano de obra, debido a factores como la mortandad indígena, para regiones que tenían un enorme potencial económico como Veracruz con la producción de azúcar, el norte con la producción minera o el sur, con la industria ganadera y la agricultura.

Venían de diversos países de la costa occidental africana. Aunque los rasgos culturales que han sobrevivido en la cultura mexicana son principalmente de los grupos Bantú –Congo y Angola- y Mandé – Senegal, Guinea, Gambia, Sierra Leona, Mali-. Específicamente para Guerrero, he identificado, gracias a las lecturas del trabajo realizado por el etnomusicólogo Carlos Ruíz Rodríguez- que los rasgos culturales más predominantes, ya que existen elementos de otras zonas culturales, son los de Senegambia –Senegal y Gambia-.

Los africanos, y posteriormente sus descendientes, que se asentaron en la Costa Chica de Guerrero, han experimentado diversas dinámicas sociales, económicas, culturales e incluso políticas, que con el paso del tiempo, fueron transformando, construyendo y definiendo su identidad. Los rasgos culturales se encuentran expresados en sus tradiciones, usos y costumbres, danzas, vocabulario, gastronomía, música, bailes y festividades que practican.

A continuación, mencionaré algunas de las variadas expresiones culturales.

NARRACIÓN ORAL.

La narración oral es la tradición de herencia africana que hasta el día de hoy sobrevive en la Costa Chica guerrerense sin haber sufrido cambios o re configuraciones drásticas. El antropólogo guerrerense Miguel Ángel Gutiérrez Ávila da muestra de ello en su libro “La Conjura de los Negros”, el cual contiene el testimonio de Bonfilio Herrera, afrodescendiente de Montecillos, Guerrero, quien recuerda, que “por las noches se asistía a escuchar la palabra de los viejos, las historias de más antes, a conocer la palabra. Esas historias no las vivimos, tampoco las vimos, pero se siguen contando, porque cuando una nación se acaba lo que queda de ella son sus cuentos, las historias que de ella se cuentan” (Gutiérrez, 1993: 9).

DANZAS.

Las danzas más representativas son los diablos, el  toro de petate, la tortuga y los apaches. Dichas danzas han recreado diversas dinámicas sociales, especialmente las laborales, que estuvieron presentes en la vida cotidiana de los africanos, pues entre los personajes protagónicos, casi siempre, vamos a encontrar la figura del capataz, hoy cacique, y del trabajador, en el contexto de la plantación de caña de azúcar o en el cuidado del ganado.

La Danza de los Diablos.

Fuente: www.danzarevista.com.mx

Danza de los Diablos

 

VOCABULARIO.

Comenzaré con el marco general de México para después trasladarme al marco específico de la Costa Chica de Guerrero. Existe la hipótesis de que el verbo chingar, “que al decir de Octavio Paz y Carlos Fuentes, es el ´santo y seña´ de México” (Pérez, 1997: 307), sea proveniente del kimbundu, una lengua bantú de la zona de Angola y el Congo, de la que se derivan los vocablos “kuxinga” y “muxinga” los cuales, según el músico y académico cubano Rolando Antonio Pérez Fernández, tienen el mismo significado que “chingar”, y se fueron configurando gramaticalmente y adaptando fonéticamente con el paso del tiempo hasta llegar al verbo que hoy conocemos.

La palabra chamba que utilizamos como un sinónimo para referirnos al trabajo, puede ser que provenga de un grupo de nombre chamba que perteneciente a la familia cultural mossi que se localiza en Burkina Fasso.

La bamba, ritmo y baile que le ha dado a México y Veracruz fama internacional, es el nombre de diversas ciudades africanas localizadas en la República Democrática del Congo, antes Zaire, Burundi, Kenia, Guinea y Mali.

Cafre es una palabra que usamos para referirnos a nuestra falta de destreza, principalmente al volante. Pues resulta que cafre es un grupo cultural que se localiza en Zanzibar, Tanzania. Gonzalo Aguirre Beltrán afirma que “el gentilicio fue aplicado a estos negros del tronco bantú por los árabes que llamaban Kafir, infiel, no sólo a los negros sino también a todas aquellas poblaciones que resistían a la islamización” (Aguirre, 1989: 146).

Situándome en el marco específico de la Costa Chica de Guerrero, aunque el idioma oficial es el español, los descendientes de africanos cuentan con un extenso y folclórico vocabulario que de acuerdo con estudios de investigadores como Rolando Pérez o Gonzalo Aguirre Beltrán, tienen su raíz en verbos y palabras originarias de lenguas africanas como la bantú.

En el Congo y en Zanzíbar, Tanzania, existen dos ciudades de nombre Mpemba y Pemba. Puede ser que en México, específicamente en la Costa Chica, la palabra se haya configurado y re construido a Bemba, usada como adjetivo para una persona descuidada o despistada.

El golfito carabalí, localizado en la Costera Miguel Alemán de Acapulco,  tiene el nombre de una tribu africana de una región conocida como Calabar, por la cercanía al río Calabar. Los esclavos extraídos de esa zona fueron introducidos al país con el nombre de carabalís, cabaralís o calabarís.

Finalmente, otras palabras que se pueden resaltar por su uso cotidiano, son los adjetivos cuculete, horcajuco o galombudo para describir el cabello rizado, chando, chimeco o chandera para referirse a algo que está sucio o mal hecho, o chirundo para referirse a una persona desnuda.

GASTRONOMIA.

Debido a que los afrodescendientes se encuentran principalmente asentados en toda la zona de la franja costera,  la pesca es una de sus principales actividades económicas. Por tanto, se destacan por la preparación de pescados. La cecina es un alimento que se consume en grandes cantidades, debido a las actividades ganaderas de la región, así como el frijol con el arroz y el mole de olla.

Estos dos últimos platillos, se pueden identificar, aunque con diferentes nombres y pequeñas variaciones de ingredientes, en otros países latinoamericanos que cuentan con población afrodescendiente. Por ejemplo, el mole de olla es muy parecido a la feijoada brasileña y al mondongo colombiano.

El arroz mezclado con frijol se conoce en Costa Rica y en Nicaragua como gallo pinto, en Cuba como moros y cristianos o congrí, en Colombia es arroz de cabecita negra, en El Salvador y Honduras es casamiento, y en regiones de otros países es conocido simplemente como frijoles con arroz.

MÚSICA Y BAILES.

El etnomusicólogo Carlos Ruíz Rodríguez hizo un estudio comparativo sobre los ensambles de la región de Senegambia y los de la artesa de la Costa Chica de Guerrero, y llegó a la conclusión de que pudo identificar la influencia senegambes, en la forma de ejecutar el violín, la guitarra y el cajón en la Costa Chica de Guerrero y un ensamble análogo de cuerdas de la región de Senegambia. También hace mención del uso que hacen en la Costa Chica del violín, la jarana, la guitarra y de una calabaza tapeada, o algún instrumento de percusión, como una tradición de los wolof, grupo perteneciente a los Mandé (Ruíz, 2011).

La tradición oral, que mencioné líneas arriba, también se ve reflejada en los versos de los corridos, género musical también tradicional de la región. Los cuales, “expresan una vida difícil que se ha construido a fuerza de naturalizar la violencia. También están los sones y las cumbias, que a menudo muestran la vida cotidiana en sus versos dedicados a un sinfín de situaciones” (CDI, 2012: 72).

En cuanto a los bailes, se puede mencionar que los más típicos y tradicionales son el baile de la artesa y la chilena. El baile de la artesa “se baila sobre la tarima que una vez fue el bote en el que se pescaba; para la música se usa la quijada de burro, la jícara es convertida en el instrumento que ellos llaman bote (…) Muchos instrumentos han cedido su lugar a nuevos y más versátiles, como es el caso del violín que ya no se usa, la llegada del acordeón introducido por músicos llegados de Colombia y el cambio de ritmos por otros que se popularizan con el dominio del cassette, el cd, la tarjeta de memoria” (Ídem).

 

ORGANIZACIÓN, EMPODERAMIENTO Y RECONOCIMIENTO.

 

Los descendientes de africanos estuvieron por mucho tiempo olvidados, invisibilizados y negados por el Estado, la sociedad mexicana e incluso, por ellos mismos. Sin embargo, han establecido, re creando y definido los elementos que componen su identidad, y ahora están  organizándose, empoderándose, auto identificándose y auto reconociéndose, para romper con las invenciones y construcciones oficiales del Estado mexicano y reclamar el lugar en el país y en la comunidad internacional que les pertenece.

Pondré punto final a estas líneas, afirmando que después de pasar por este proceso de descubrimiento, asimilación, identificación y reconocimiento, ahora pertenezco al mundo que desee, sin sentirme desencajada durante el cambio y transición entre uno y otro, pues esos pedacitos de África que laten en la Costa Chica de Guerrero, ya son parte de mí.

BIBLIOGRAFIA BÁSICA RECOMENDADA.

 

Aguirre Beltrán, Gonzalo. (1989).  La población negra de México, Estudio etnohistórico. México: FCE.

CDI. (2012). Informe final de la Consulta para la identificación de comunidades afrodescendientes de México. CDI, México: CDI.

Pérez Hernández, Rolando Antonio. (1997). “El verbo chingar: Una palabra clave” en Chávez Carbajal, María Guadalupe (Coord.). En, El rostro colectivo de la nación mexicana. Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Ruíz Rodríguez, Carlos. (2011). “En pos de África: el ensamble instrumental del fandango de artesa de la Costa Chica”. En, Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, 18 (51), 43-62.

2 thoughts on “Pedacitos de África: La Costa Chica de Guerrero

  1. A mí me resulta altamente interesante encontrar algunas coincidencias idiomáticas entre la región mexicana de la “Costa Chica” con Centroamérica. Me parece muy interesante destacar el hecho de que, también en Guatemala, quizás por la influencia mexicana trasladada a través de los medios de comunicación masiva, desde hace mucho tiempo se ha utilizado la palabra “chingar”, asumiéndola, cuando se busca su significado, a una voz de procedencia indígena, siendo algo sumamente novedoso encontrarla con raíces africanas. La connotación es altamente vinculante con el sexo, ya que hace referencia a la desfloración de una virgen para ilustrar el desgaste que tiene una persona por el trajín de cierto trabajo, un instrumento musical, instrumento de trabajo o cualquier cosa que se desgaste con el uso y manipulación diarios o periódicos. “Chingar” hace referencia también a otros términos que son análogos al haber “quitado” el brillo original o el “estado virginal” a algo o alguien, asumiendo como “estar virgo” el conservar una cualidad que se “chinga” con el uso y por tanto, “se echa a perder” porque no se le confiere la misma valoración ni se le aprecia igual.
    De la misma forma, el término “chamba” es utilizado en el lenguaje común en el país vecino, sirviendo para denominar el trabajo o las ocupaciones remuneradas por medio de las cuales los trabajadores de diversa índole obtienen la subsistencia. En Guatemala, como fieles usuarios del “voseo” utilizamos la palabra mexicana con una entonación sumamente especial. Resulta usual encontrarlo usado así, “Vos chambeás” (en lugar de “tú chambeas” como podría ser en México), preservando el infinitivo “chambeando” para describir una acción que tiene curso en el presente, así como el “chambear” para el futuro o el pasado (haber trabajado o trabajar próximamente). Atendiendo a la identidad que hegemónicamente fue construida en México, fuera de él hemos interpretado el origen de estas palabras como parte del legado indígena, como sucede con nuestros países. Gracias América América Nicte-Ha por el aporte a la comprensión de la influencia de los descendientes de africanos en este país, que no se limita a palabras o términos que incluso se han trasladado a las vecindades, sino que también, se extiende a la música, tradiciones y gastronomía. Saludos desde Guatemala.

    1. Y si, así mismo es lo de la mezcla genética y cultural que se vive con el encuentro de los mundos y se debe incluir la raíz oriental pues en Acapulco se hacía el intercambio de mercancías y más… Ya en la historia oficial del Estado de Guerrero se cita el hecho Se hace el señalamiento del origen de la palabra “chingar” en los idiomas Africanos y se sustenta con la conjunción de las letras “n” y “g” y se ejemplifica con palabras comunes como: chango, mango, panga, tanga, chongo, pingo, etc.
      Referente a la palabra “chamba” hay datos señalando que se propicia por “Chambers”, que son las personas que se reunían en busca de trabajo en la Cámara de Comercio en Estados Unidos. Salud Total.

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